Situación sentimental


Seguro que este post va a captar más atención que los demás. Habla de Facebook.

Desde hace unos meses uso Facebook, más por imposición social que por propia voluntad. La red, los “amigos”, tiran de ti y te hacen ver que, o estás ahí o no estás. O eres digital, y tienes una identidad digital, o no eres. Ser digital quiere decir que mediante lenguaje binario los demás son capaces de ir viendo lo que haces, donde estás, cómo piensas o cómo te sientes.

Facebook es ligero. Como internet. Facebook en realidad es como un anuario del colegio, ese lugar donde aparecen las caras y los datos de diferentes compañeros, la mayoría de los cuales dejaron de interesarte, tras muchos años de convivencia, al minuto siguiente de abandonar el colegio.

Sobre ese concepto tan sencillo, y sobre una de las grandes fuerzas de internet -la capacidad ilimitada de acumular datos y darles cierto tratamiento- nace Facebook. Un “anuario tuneado”: un lugar donde ves las caras de cientos de “amigos” que se te presentan de forma virtual -es decir, sin correr el riesgo de que a su pregunta de “¿quieres ser mi amigo?” les digas a la cara “no, gracias”- y donde sigues, en “tiempo real” muchas de las banalidades a las que se dedican.

Te eriges en protagonista porque tú también haces saber a tus “amigos” muchas de las idioteces a las que te dedicas; se crean miles de grupos donde se generan sentimientos de pertenencia a comunidades virtuales con nexos de unión peregrinos (ved los nombres); ocupas -o “matas”- tu tiempo libre en diferentes jueguecillos más o menos ingeniosos, cuyos resultados luego comunicas a los demás, generando más lazos artificiales de conexión; cuelgas fotos de ti, de tu familia, de todos los eventos que acontecen en tu vida y eres el centro de tu vida, por fin, gracias a que un montón de puntos de la circunferencia te miran.

Es esta levedad, esta generación artificial de lazos que le den sentido a unas vidas que van careciendo de él por ausencia de ligazones, valores y raíces, la que hace tan apetecible a Facebook. Estoy seguro de que miles de personas salivan al ver la “f” del logotipo y abren la página como si fuera el leitmotiv de sus días. ¿Qué estará pasando hoy? ¿Qué noticias habrá? ¿Quién me habrá escrito? Similar a lo que ha sucedido con el email, que lo llevamos en la blackberry 24 horas al día y que, cada vez que ilmina su luz roja, nos hace saltar el corazón. Noticias, correos, llamadas… ¡bombardeénme a estímulos, porque mi cerebro necesita esta droga, ya que lo he paralizado para que no piense! ¡Que sienta continuamente! ¡Qué reciba flashes, colores, ruidos, llamadas, cada minuto!

Y termino. Situación sentimental. Facebook tiene un campo en el perfil de sus usuarios que se denomina “Situación sentimental”. En mi perfil pone casado. El campo no es abierto, sino que da una serie de opciones tasadas: soltero, en una relación, comprometido, casado, es complicado, en una relación abierta y viudo. Con sus femeninos correspondientes, por su puesto.

Es el estereotipo de la postmodernidad. Lo que antes se llamaba “estado civil” en términos laicos ahora es situación sentimental. El estado civil podría definirse como un atributo de la personalidad, la relación en que se hallan las personas en el agrupamiento social, respecto a los demás miembros del mismo agrupamiento. Estos términos tan fríos y científicos dan lugar a una serie de complicaciones. Hay que definir qué es persona, y surge el debate sobre el cuándo y cómo. Definir qué es el agrupamiento social… Hay un día en el que la definición -y el definidor- deciden quien entra en el conjunto y quien queda fuera. Eso supone que, si quedas fuera, te pueden poner una valla de varios metros para que no entres, o meterte un trepanador en el cerebro cuando tienes unos meses de vida y sorberte literalmente los sesos antes de triturarte en una máquina alemana perfectamente calibrada para que no hagan ruido tus huesecillos aun blandos al disolverse.

Facebook evita esta incomodidad de definir, y aflora algo tan querido para todos comolos sentimientos. “Situación sentimental” caracterizada por unos campos tales como los mencionados. Me siento casado. O soltero. O es complicado definir como me siento. Probablemente tu par al otro lado, aquel con quien te hayas casado, tiene todo el derecho a decir: pues yo no me siento casado contigo. O yo más bien me siento contigo en una relación abierta… ¿no lo habíamos hablado ya, amor? Como el sentimiento es individual, más allá de absurdos compromisos religiosos o contratos civiles, yo me siento como me siento. Y respétalo, porque es mi sentimiento y tengo todo el derecho a sentirme así. El hombre o mujer facebook debe ser sentimental, postmoderno, inestable, emotivo, fluyente, indefinido…

La política es así también. Las políticas no son propuestas que provengan de una intuición racional acerca de una visión de país o nación. Son más bien el resultado de la criba de los sentimientos de miles de ciudadanos que hoy adoran a un perfil y mañana lo detestan; que hoy se levantaron alegres pero mañana tristes. Un buen estratega politico debe pulsar el temple de la calle, ver lo que la gente siente y dárselo. En forma de espectáculo, intenso, circense, con mucha lágrima incluida. Se trata de sentir intensamente.

Me apetece poner en el perfil de Facebook algo así como: Situación sentimental: esperanzadoramente ilusionado y enamorado de la vida. Pero no me lo permiten. Es quizá, demasiado amplio.

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