Nacimiento


Nace este nuevo blog, uno entre millones.

Quiero que le sirva a alguien para repensar el escenario: a 30 de mayo de 2009, digo que si el escenario no cambia pronto estaremos a golpes de nuevo, como el cuadro de Goya.Todo lo resolvemos a golpes aquí. Pero quizá este ejercicio de diálogo conmigo mismo le sirva a alguno para extender esto del llegar a cierta claridad mediante la conversación.

Nos entretenemos en el atrezzo de la obra, mientras el argumento nos lleva sin remedio a un eterno mal final. Propongo un cambio de escenario, un levantarse de la butaca que diga: “No es eso. La farsa no merece ni un minuto adicional de atención. El argumento está mal planteado. Así no se puede dialogar. Sin diálogo, no hay ciudad. Y sin ciudad no hay ciudadano, y por tanto no hay persona. ”

Paso a paso iré devolviendo a toriles a los mansos lesionados que la actualidad me vaya mandando. Rápidamente, con una simple señal al palco, donde se sienta la Presidencia. Espero por ello que este sea el post más extenso que escriba.

Con motivo del nacimiento del blog, el primer toro a lidiar me llega defectuoso nada más salir. Hablando de nacimiento, sale el tema del aborto. España, país de nula cultura política, confunde ámbitos. Igual que intenta hablar de diálogo con quien no trabaja ese término, se desgarra en el emocional debate del aborto.

Con los dos bandos de siempre -los que llegarán a los palos-: la mitad “progresista“, “de izquierdas“, “defensora de los trabajadores o proletaria o social“, “de la justicia o solidaria“, “anti nuclear“, “laicista“… y la otra mitad, “conservadora“, “de derechas“, “defensora de los empresarios o propietaria o liberal“, “de la libertad o capitalista“, “pro nuclear“, “religiosa“… Estos son los términos del debate.

El tema del aborto se juega en el terreno de los anti-abortistas de derechas frente a los pro-abortistas de izquierda. Balón de juego: la ley. Restringirla para que no se pueda abortar en ningún caso o elastificarla para que se pueda abortar en cualquier caso. Fractura social. Debate enconado. Propaganda y difamación frente a diálogo y refutación.

Paralelismo: tirar el envoltorio del chicle por la ventanilla del coche no es materia de discusión. Socialmente está mal visto, pero es materialmente imposible impedirlo. Hay legislación al respecto, pero es ineficaz. Las miradas de desaprobación de los demás ciudadanos no impiden, a veces, que suceda. La sociedad ha arbitrado dos medidas, una preventiva y otra paliativa: educación para evitar que suceda. Servicios de limpieza para arreglar el desmán que sí ha sucedido.

Tirar a un niño por el retrete es también algo imposible de detener. Se lleva haciendo milenios. Legislar para penar esta práctica no es eficaz.

Cambio de escenario:

1.- Déjese la ley como está. Y que quien quiera abortar lo haga. Con todas las garantías sanitarias. Con el decreto no se puede gobernar.La ley no puede ser nunca el máximo, sólo un mínimo. La gente no va chocando por las calles con el coche o matando gente porque la ley lo prohíba, sino porque su mente les dice que aquello no tiene sentido. Si la ley del aborto no impide el aborto será porque aún no hay un sentido en la mente de la gente que les lleve a no abortar. ¿Para qué judicializar una realidad que no ha calado en la gente?

2.- Medida preventiva – educación. Que, al mismo tiempo que la ley permite abortar a quien quiera, se monten equipos especiales de prevención del embarazo no deseado, con educadores, servicios de acogida, refuerzos familiares, etc … Abortar es un fastidio pero estar embarazada y no desear estarlo, también. Algo hay que hacer para que el ciudadano no este fastidiado sí o sí.

Educación que consiste en conocimiento de los fines del hombre y sus medios. Conocer que:

– las relaciones sexuales como medio de expresar amor por una persona tienen como fin la procreación y, por tanto, no la excluyen como posibilidad.

– las relaciones sexuales como medio de obtener placer entrañan la posibilidad de engendrar nuevos seres, indubitablemente.

Y posicionarse claramente en el entendimiento de las mismas, admitiendo las consecuencias de esa posibilidad de engendrar o rechazándolas. Admitirlas elimina el conflicto y no admitirlas genera el conflicto. Y ello no tiene nada que ver con la llamada educación sexual. Atañe a un posicionamiento social previo al del aborto, y mucho más importante. Es decir, igual que se vota, hay que posicionarse no como pro-abortista o anti-abortista. Es demasiado ramplón y no se llega al fondo de la cuestión. Se posiciona uno como admitente del efecto de las relaciones sexuales o como negacionista del efecto de las relaciones sexuales.

En fin, hasta que se sea capaz dominar ese tema el caso es que hay que hacer algo con ese efecto no meditado y no querido por muchos: el embarazo. Hay personas que no quieren eso que les ha pasado, ese efecto.

3.- Medidas paliativas – sálvese a quien se pueda. Igual que hay gente sin hogar, hay niños sin útero. Hágase algo. Subvenciónese ese lugar donde ser engendrado, dése una vivienda VPO a las madres solteras, dése una beca a las madres que no quieran abortar, aváncese ese embarazo hasta la mínima edad y luego múdese a la criatura de lugar… La ciencia tiene recursos. No se entre a juzgar a las casi-madres ni a su entorno, ni a los casi-padres. Para eso falta mucho. Váyase al efecto, pues la causa es incontrolable.

Y que cada año se saque una estadística de niños salvados gracias a estos programas. Millones de votos volarían a sus urnas. Miles de niños verían la luz. ¿Hay algo más proletario, social, de izquierdas, que programas de este tipo? ¿Hay un ser más social que aquél cuyo Estado se ha preocupado de llevarle a la vida, aun cuando su propia madre no acababa de verlo conveniente? Que, como hacía Schindler en otra época, públicamente se “adquieran” los niños que van a ser abortados por sus madres, mediante programas gubernamentales de promoción del desarrollo. Seguro que algún Nóbel cae para algún Ministro. Que surjan también fundaciones que compren vida para los niños. Que empresas del IBEX donen dinero para comprar más vida.

Cambio, pues, de escenario. El debate no es la ley del aborto. El debate es el embarazo no deseado. Causas y efectos. Y que aborte quien quiera -bastante tiene encima con ser capaz de quererlo- pero que no quiera nadie. Que no se llegue a ese lugar, porque antes nos hayamos entretenido en el embarazo.

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Una respuesta a Nacimiento

  1. noeseso dijo:

    Por su finura, copio el artículo de mi amigo Daniel en Estrella Digital.

    http://www.estrelladigital.es/ED/diario/158651.asp

    Ni los “hunos” ni los “hotros”

    Daniel Martín

    De las muchas mentiras que sostienen nuestra falsa democracia, la que mejor la protege y perpetúa es aquella que divide a los españoles en conservadores y progresistas. Lo que traducido a un lenguaje práctico deviene en ser seguidor, respectivamente, del PP o del PSOE. La confusión es bárbara, pero interesa a la partitotarquía que nos ha arrebatado el poder y es el punto de partida de todos los males que nos afectan.

    Por ejemplo, para estas elecciones se han celebrado dos debates televisivos con los cabezas de lista de ambos partidos nacionales. Luego ha habido otro donde han concurrido los partidos minoritarios -en este terreno marginales y marginados por los dos “grandes hermanos”- junto a los “número 2” de las listas que, indubitadamente, serán las más votadas el próximo domingo. Como son las dos formaciones con mayor representación en España y, por consiguiente, las que más dinero reciben de las arcas públicas, tienen derecho a esto y a mucho más. A casi todo. España, ahora, está literalmente tomada por estos dos partidos, salvo en Cataluña, donde la heteróclita ERC aún tiene algo que decir.

    De esta confusión-división -cuya responsabilidad recae en gran medida en los grandes medios de comunicación- de la sociedad en “dos Españas” surge esa extraña situación donde el PP, por criticado y acosado, parece el partido en el poder y el PSOE el partido de la oposición. Mientras tanto, aquí no gobierna nadie.

    En realidad, las diferencias entre PSOE y PP no son tantas. Sólo se diferencian en algunos temas de corte ético o existencial, como puede ser el aborto. En todo lo demás ambos dos partidos adolecen de un maleado sentido socialdemócrata del Estado, un voraz apetito por ascender o quedarse en el poder y una obediencia antidemocrática al “líder” con tufos hitlerianos, estalinianos o maoístas. A todos los efectos funcionan como dos empresas que quieren colocar a sus miembros. Cualquier análisis de mayor calado es estéril.

    Así, José Luis Rodríguez Zapatero gobierna a trompicones según lo que dictan las encuestas y las probabilidades de seguir en La Moncloa. Mariano Rajoy, con pocas ganas de progresar, se limita a luchar por mantenerse al frente de la oposición. Pero ninguno de ellos tiene mayor interés en un debate sobre los auténticos defectos y malformaciones de nuestra muy disminuida democracia.

    Por eso me niego a aceptar la afirmación que dice que si no estás con unos debes estar con los otros. Ninguno de los dos partidos representa a nadie, como tampoco lo hace su traslación social, sindicatos y patronales. Cualquier espectador que estudie atentamente frases, ideas (?) o proyectos de cualquier miembro de los dos bandos se dará cuenta de que lo que realmente les enfrenta es su propia existencia. A saber, que hay competencia entre ellos por hacerse con el poder.

    Resulta ridículo ver a burgueses que se las dan de progres ponerse al lado del pueblo, como el propio Zapatero, la pija Leire Pajín o la “bienvestida” María Teresa Fernández de la Vega. Da pena ver cómo tiranozuelos como Esperanza Aguirre, coquetos como Francisco Camps o huecos como Ana Mato se las dan de liberales. PSOE y PP están hechos de la misma hedionda sustancia.

    Mientras, España se va hundiendo en este sistema autonómico que separa más que une y empobrece en todos los sentidos. El idioma común, los símbolos de la unidad nacional, el sentido de patria y en general todos los ciudadanos sufrimos el egoísmo de una clase política que vive de espaldas a nuestros intereses, querencias y preocupaciones. Mientras no hagamos nada al respecto, gran parte de la culpa también será nuestra.

    La principal prueba de lo que afirmo es el nulo interés que muestran PP y PSOE -como el resto de los partidos políticos- por mejorar de una manera sensible y notable el sistema educativo. Como con la crisis, en este terreno sólo se toman medidas maquilladoras de cierta apariencia y ninguna enjundia. Hemos importado lo peor de Estados Unidos para tener un pueblo obediente y poco levantisco, negado a cualquier atisbo de espíritu crítico, sin haber importado, por casualidad, ninguna de las virtudes norteamericanas, como el amor a la bandera o a la libertad.

    España se consume en un clima social de abulia y un sistema esencialmente corrupto. El uso del dinero público por parte de partidos y agentes sociales es constante y sistemático. Y nadie toma medidas que aseguren nuestro bienestar a medio o largo plazo porque eso no es populista. Por eso me niego a que se me diga que estoy más cerca de estos que de aquellos porque estoy convencido de que a ninguno le importa un ápice mi porvenir ni el de mis semejantes.

    Mientras, las alternativas como Ciutadans o UPyD se mueven en un estado embrionario que a veces genera esperanza, otras indiferencia y unas pocas inquietud. Nada va a cambiar porque a las dos fuerzas reales de nuestro universo político no les interesa. Viven bien de su falsa diferenciación y en virtud de esa mentira que quiere seguir dividiendo en dos a nuestra querida España.

    dmago2003@yahoo.es

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