El sexo pierde al Vaticano


Es el titular que El País emplea en su periódico del domingo para tratar el asunto de los abusos sexuales por parte de clérigos en diferentes lugares y épocas.

No es eso. El sexo no pierde al Vaticano. El Estado Vaticano, ubicación donde tiene la sede la Iglesia Católica, los headquarters, como decíamos en Londres, no está perdido por el sexo. Sus labores son otras. Evangeliza, trata de mantener una organización bastante burocrática, sirve de sede para numerosos eventos… pero perderse por el sexo, parece que no.

No es eso. No es bueno, especialmente en España, emprender cruzadas laicistas para desprestigiar algo muy difícil de desprestigiar, como es el mensaje de Cristo. Por muy pecadora y viciosa que sea la Iglesia, que seguro que lo es. No puede ser que estemos aún así, tras una Guerra Civil y tanta sangre vertida “por Dios” y “contra Dios”. No puede ser que no hayamos aprendido las lecciones del pasado y que lo estemos repitiendo. ¿Qué buscamos? ¿Cuál es la intención que late tras todo esto? ¿Satanizar a la Iglesia? ¿Que vuelva a las catacumbas como secta prohibida?

Ah. Pero son muchos los casos de abusos sexuales de padres a hijas, y no vemos titulares que digan: “El sexo pierde a los padres” o “El incesto pierde a los padres”. No hombre, no. Abusos los ha habido y habrá siempre en cada rincón pero, por ciertos mecanismos incomprensibles de la Naturaleza, son más, muchos más, los que no abusan que los que abusan. Incluso entre los “promiscuos” bonobos del Proyecto Gran Simio -a tener en cuenta-, que calman con sexo cualquier conflicto, parece que el sexo con las crías no está bien visto…

No es eso. No tomemos la parte por el todo para avergonzar a los creyentes en Cristo mediante el desprestigio a la organización humana que los engloba. Que los lamas abusen de los monjes de vez en cuando no quiere decir que el budismo sea algo malo. Que el Vaticano tenga centenares de miles de sacerdotes por el mundo, y algunos de ellos pervertidos, no quiere decir que al Vaticano le pierda el sexo.

Tampoco podríamos decir que “a El País le pierde la mentira” porque uno de sus reporteros sea un poco exagerado o maquille la verdad, ¿no? Afirmaciones como “Algunos clérigos se creen superhombres y por encima de la Ley” añaden tanto como otras del estilo “Algunos hombres son buenos” o “Algunos políticos son corruptos”. Nada.

Hay un par de libritos de José Antonio Marina sobre el asunto de la religión que podrían aportar cierta claridad a todo este terrible encuentro fratricida que tenemos montado en España sobre la religión y que aún no hemos superado. La bipolaridad hispana creyente-ateo es enfermiza. Un trastorno en toda regla. Este señor escribió algunas cosas sobre el asunto, tratando de aportar algo de sentido común.

¿Por qué no seremos capaces de estimarnos unos a otros por nuestras acciones, no por nuestras etiquetas? ¿Hay tanta diferencia, en cuanto a la estima moral, entre unos y otros, cuando ambos son buenas personas? Cuantos más palos se le den, már arde la hoguera.

Por tanto, no es eso. Al Vaticano no le pierde el sexo. Y si le pierde al Vaticano, nos pierde a todos…

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