La Derechona


Leo una entrevistra a López-Dieguez, secretario general de AES:

Fijémonos en la izquierda, el PSOE vive y deja vivir a cualquier opción, no
la intenta eclipsar, no la canibaliza, y ello porque sabe que con estas
fuerzas se produce un doble efecto: uno, que siempre tendrá con quien
gobernar, sin necesidades de mayorías absolutas, y en segundo lugar que todo
votante de izquierda, cualquiera que fuera su sensibilidad, puede votar
desde Nafarroa Bai hasta el PSOE, pasando por los independentistas de la
izquierda radical y los comunistas, mientras que a la derecha o PP, o PP o
más PP y si este no obtiene la mayoría absoluta todo el castillo se
desmorona y seguimos como ahora en manos de la izquierda. En política como
en la empresa la concentración de riesgos es una mala estrategia, si el PP
falla por liderazgo, corrupción o desencanto, el sistema quiebra. Mire
usted, nuestra experiencia en las elecciones autonómicas y municipales de
Madrid han sido conclusivas: fuimos la cuarta fuerza más votada después del
PP, PSOE e IU, y el PP no perdió ni un solo voto, es claro que nuestro
votante vino de la abstención. No olviden que como se ha puesto de
manifiesto en Galicia el voto de la abstención es conservador y este voto es
un voto de decepción, harto del voto útil.

Al margen de no estar de acuerdo con ciertas cosas que comenta, sí lo estoy en este punto. Efectivamente, a la llamada derecha -encarnada de forma cada día más desleída por el PP- le faltan compañeros de bando que ofrezcan al votante -ese pedazo de ciudadano que se piensa soberano- alternativas para cuando el Partido Popular no da la talla. El PSOE los tiene, y a sus votantes más díscolos, esos que tiran hacia lugares tan exóticos como el ecologismo, la “izquierda” unida o la ERC, los acaba metiendo bajo el ala cuando el gran partido PSOE tiene que pactar para mandar -que no gobernar, porque España es ingobernable.

Como un chicle, los votantes de izquierdas se estiran y encogen a lo largo del espectro de posibilidades “de progreso”, en función de la coyuntura electoral que toque y de lo que se vote (en generales nadie se anda con excentricidades pero la economía manda mucho, en las europeas la gente experimenta porque eso de Europa pilla lejos, en las municipales a muerte con el bando propio, que se trata del barrio y los impuestos locales), pero siempre están en lo mismo: movilizados -esto de la movilización lo hacen bien, aunque suena bastante amenazante: algo que se moviliza es que antes estuvo inmóvil, como el Primer Motor aristotélico, y eso da pavor, como el de Kierkegaard- y votando a alguien de los suyos. Y, en el fondo, realmente sienten simpatía unos por los otros. Hay ahí fraternidad.

En el otro lado, en el de los “conservadores”, las cosas funcionan de otro modo. Ahí hay un partido que sigue renegando de su pasado, lo cual es un mal comienzo. Tratar de borrar 40 años de la historia de uno mismo es empezar con mucha desventaja: pidiendo perdón; queriendo siempre demostrar que uno, en el fondo, no es tan malo; negando cualquier relación con don Francisco Franco… Muy mal. Como Judas. Hay que proseguir la obra del fundador, aunque ello cueste la vida. Pero renegar, nunca.

Hay que mantener la posición y los valores, porque esa lucha tuvo unos fundamentos que, desgraciadamente, aún están vigentes. La Guerra Civil española no fue gratuita. Enterrarla en el olvido o hacer una re-memoria histórica según lo que convenga es la garantía de volver a repetirla. Allí se mataron los españoles unos a otros, fratricidamente, hermanos contra hermanos de forma literal. Eso no es una broma y si pasó, será por algo, no por un asunto menor. Echo de menos un programa que ponga sobre la mesa, como un Expediente X, lo que pudo llevar a los unos a asesinar a los otros, y viceversa.

Y los que sobrevivieron echaron tierra al asunto -literalmente-, montaron eso de la Transición y el Rey por orden de Franco, y dicen que siguieron adelante como amigos. Pues no, eso no se lo cree nadie. No sabemos, todavía, por qué sucedió aquello, pero lo cierto es que en la calle, y espero no resultar profético, la gente sigue dispuesta a matar a la gente por ciertos puntos de desacuerdo. Aquí hay odio, mire usted. Y ese odio no está en los veteranos, está en los jóvenes. ¿No le parece importante, antes que hacer tanto estudio sobre los hábitos de consumo o de cópula de los españoles, estudiar por qué hay tanto odio y qué piensa hacer la gente en ciertas situaciones no muy impensables?

Mientras el PSOE se encarga de atronar cada foro con una visión del asunto -la última vez que asistí a esto fue en una exposición en Estocolmo, inaugurada por el señor Alfonso Guerra, en la que se dió un repaso histórico al asunto con bastante inocencia- el PP se encarga de callar y no tocar el asunto. Como heredero del que ganó la masacre, prefiere callar.

Cambio de escenario. El PP tiene que:

1.- Permitir y apoyar la existencia de partidos en el lado “derecho” del hemiciclo, porque esa pluralidad es muy sana y ofrece madurez política a los votantes “conservadores”.

2.- Reconocer públicamente sus afinidades y mantener su identidad, esa que une, para que vamos a engañarnos a estas alturas, a los que entonces apreciaban al bando nacional y a los que de ellos han nacido. Un equipo de análisis político mexicano, experto en campañas y posicionamiento político, me preparó hace meses un informe sobre la situación política en España, y apuntó, alto y claro, a esta gran debilidad del Partido Popular: renegar de sus orígenes.

3.- Abandonar de forma definitiva el convencimiento de que las ideas -más bien muy amplias- que defiende son las buenas para todo el mundo. “La guerra de las ideas la tenemos ganada”, me dijo un peso pesado del PP hace un par de años. Imagino que lo sigue pensando… En este nuevo mundo hay que luchar por vender las ideas de uno, porque si no llega otro, vende las suyas y ocupa el timón. Hay que remangarse y preparar argumentarios. Todo ello con sensatez, desde la claridad. ¿Para qué seguir manteniendo esa dolorosa separación con los antecesores? ¿Por qué no reconocer lo que se hizo mal y lo que se hizo bien, e insistir en lo positivo hacia el futuro? Seguir dando espacio a la historia oficial, confiar en que los medios de comunicación serán neutrales, mantenerse callados cuando hay que vocear… son metros que se van perdiendo en la carrera. Salvando las distancia, a la Iglesia, como organización, le pasó lo mismo. Los complejos eran tan pesados que optó por callarse, y ahora las mofas son continuas: el silencio acaba convirtiendo la calumnia en apelativo socialmente aceptado.

4.- Asumir que no a todo el mundo le puede gustar. No debe tratar de agrupar bajo sus siglas a todo lo que no sea nacionalismo o izquierda. Eso es muy poco brillante, señores brillantes. Eso es poltrona para un rato, ignominia para casi siempre. El PP tiene la obligación de rescatar sociológicamente el valor de la derecha y entender que ese valor lo pueden encarnar, por ser rico en matices, otros partidos. Y que eso, aunque a corto plazo quita votos, a largo plazo educa políticamente a la población y le permite pensar de una forma menos binaria, más racional. Así ya no hay buenos y malos, sino matices en la escala de servidores del país. Recordemos la etimología de “ministro”: minus-stare significa estar por debajo. Hay que sacrificarse y ponerse por debajo de muchas cosas para que algo de lo bueno que tiene España se mantenga a flote. No puede ser que cada cuatro años cambiemos el modelo de país que somos, el foco de la política exterior, los principios de política económica y fiscal a seguir…

Aquí, por falta de madurez política de unos y otros, no avanzamos hacia ningún sitio. Alguien debe dar el primer paso. Denlo ustedes y, en lugar de partir España por la mitad, como quería hacer una de las mujeres en contienda ante el rey Salomón, renuncien unos años a la poltrona a cambio de estructurar bien una masa política coherente que le de al país un futuro decente.

Fijémonos en la izquierda, el PSOE vive y deja vivir a cualquier opción, no
la intenta eclipsar, no la canibaliza, y ello porque sabe que con estas
fuerzas se produce un doble efecto: uno, que siempre tendrá con quien
gobernar, sin necesidades de mayorías absolutas, y en segundo lugar que todo
votante de izquierda, cualquiera que fuera su sensibilidad, puede votar
desde Nafarroa Bai hasta el PSOE, pasando por los independentistas de la
izquierda radical y los comunistas, mientras que a la derecha o PP, o PP o
más PP y si este no obtiene la mayoría absoluta todo el castillo se
desmorona y seguimos como ahora en manos de la izquierda. En política como
en la empresa la concentración de riesgos es una mala estrategia, si el PP
falla por liderazgo, corrupción o desencanto, el sistema quiebra. Mire
usted, nuestra experiencia en las elecciones autonómicas y municipales de
Madrid han sido conclusivas: fuimos la cuarta fuerza más votada después del
PP, PSOE e IU, y el PP no perdió ni un solo voto, es claro que nuestro
votante vino de la abstención. No olviden que como se ha puesto de
manifiesto en Galicia el voto de la abstención es conservador y este voto es
un voto de decepción, harto del voto útil.
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