El mapa no es el territorio


Quiero hablar hoy de cómo las palabras determinan escenarios. Y de cómo, probablemente, y según dijimos con ocasión de la oposición de palabras “héroe” – “víctima” tras el último asesinato de ETA, un cambio en las palabras que usamos podría llevar a un cambio adecuado de escenario.

Quiero hablar de cómo algunas palabras nos abocan a determinados escenarios que, sencillamente, son un clamoroso error y de los que no es nada fácil salir. Y también querría explicar, siempre con ejemplos, cómo otras palabras, inocentes, muestran, de forma casi torpe, la realidad del escenario en que nos movemos. Se dijo “El rey está desnudo” y eso, tan simple, causó mucho revuelo.

Y finalmente quiero escribir acerca de cómo, a veces, una actitud honesta, que trata de ser fiel a los hechos y que rectifica cuando yerra, puede ser el auténtico camino para actuar inteligentemente. Cómo es posible, en la misma persona que se equivocó, encontrar un germen de rectificación que tendrá lugar inevitablemente.

1.

Las palabras determinan escenarios. Como escribía ayer, algunos malos periodistas son capaces, por ejemplo, de crear un escenario de crispación entre un seleccionador nacional y el presidente de un club de fútbol, poniendo en su boca afirmaciones tergiversadas, simplemente omitiendo una palabra. Esa omisión convierte una afirmación muy sencilla, “los grandes clubes no se construyen solamente a base de hacer fichajes estelares” en una crítica mordaz, máxime cuando atañe al mejor equipo del mundo, en horas bajas y tratando de remontar el vuelo fichando a estrellas carísimas: “los grandes clubes no se construyen a base de hacer fichajes estelares”.

Otros son capaces de rastrear como sabuesos detalles personales de la vida de un juez con tal de encontrar algo sórdido que le pueda perjudicar. Quieren generar escenarios, cueste lo que cueste. A veces el coste es sólo la vida del afectado, lo cual, hoy en día, no viene a ser mucho.

2.

Las palabras, inocentes a veces, desnudan escenarios, nos ponen ante la crudeza del escenario de forma inesperada. Probablemente sin esa intención, quizá nunca pensando en que alguien puede tirar de esas palabras y encontrarse todo un aparataje intelectual de cartón piedra, sujetando los muros de una nación. Por ejemplo, dice Joaquín Leguina:

"Es de izquierdas todo aquello que sale de la preclara mente de Zapatero”

Se puede encontrar en su blog:

http://www.joaquinleguina.es/siempre-a-la-izquierda

Estas palabras, que surgen de la fatiga que da estar todo el día pendiente de un alma caprichosa como la de los gobernantes actuales, encierran una gran verdad: en España las ideas no existen.

Como un día dijo Robert Kagan en una conferencia a la que le llevamos a Valladolid, Estados Unidos es un país idealista: fundado sobre unas cuantas ideas muy básicas y compartidas por todos sus sencillos nacionales, que viven inocentemente en esas cuantas ideas, con gran tranquilidad y con el convencimiento de que, al ser lo único que tienen, merece la pena morir y aniquilar el mundo por ellas, si a ese límite hubiera que llegar.

Mientras en milenarias naciones nos seguimos preguntando por nuestra identidad y por el sentido de seguir unidos, o por si somos culturalmente cristianos o ya no, o si somos un país de izquierdas o de derechas -y tratando de tomar todos estos extremos como bases de un algo que no logramos poner en marcha- allí, como siguiendo el típico plan de negocio empresarial, ellos tienen una visión, una misión y unos valores nacionales. Su fortaleza radica en que esos valores son los que confieren nacionalidad: son suficientemente apetentes y amplios (la libertad, el derecho a buscar la propia felicidad…) como para atraer mentes de todo el mundo, apesadumbradas por siglos de historia contradictoria, poderes divinos, revoluciones comunistas, matanzas o dictaduras, por no hablar de miseria endémica, y que buscan en el país norteamericano un lugar de acogida que les permita ser quienes son y alcanzar su idea de la felicidad. Un país muy kantiano.

Seguía diciendo Kagan que le sigue sorprendiendo cómo los sencillos líderes americanos, en reuniones con complejos líderes mundiales que tratan de cohonestar miles de factores de sus respectivas naciones, gravemente (pensemos en un Sarkozy, o en una Angela Merkel, o en un Putin…) y con gran esfuerzo, se sientan -los americanos- con gran frescura, y convencidos de que ser americano es lo mejor que le puede suceder a uno. Se sientan desde la sencillez y tranquilidad que da el compartir unas cuestiones básicas y el no ahondar demasiado en asuntos que no tienen ninguna solución.

Aquí no. Aquí somos personalistas. Miramos embobados el peso que personajes como Clinton, Obama o Reagan tienen en la vida diaria de los americanos. Pero el auténtico poder de ese país radica en que las ideas, lo que la izquierda o la derecha sea, no lo decide nadie. Las ideas demócratas son, por sí mismas. Obama las aplica, las gestiona, pero Obama no es el partido demócrata. Reagan no era el partido republicano. Mediante mecanismos como las primarias o el impeachment, allí las ideas priman sobre las personas, y el país sobrevive a los cambios y a los errores políticos, gozando de buena salud política.

Aquí no. Aquí la izquierda la encarna una persona, y ya puede manifestar un comportamiento absolutamente opuesto a su etiqueta, que siempre será el paladín de la izquierda. Similarmente, ya puede el partido de derechas aplicar políticas de la izquierda que siempre será considerado de derechas. No hay oposición, no hay crítica en los partidos, no hay meritocracia. Aquí el número uno dice lo que son las cosas y el resto del partido aplaude. Eso hace que cuando el presidente del Gobierno, teóricamente de izquierdas, aparece en un mitín visitiendo un cinturón de Hermes valorado en 500 euros, que paga el contribuyente, su gente no tenga la capacidad de decirle: No, Presidente, eso no se hace. El camino mental es otro: si él lo hace, y es de izquierdas, será que eso lo hace uno de izquierdas, así que vía libre. Ídem con los de derechas, añadiendo que estos, encima, llegan con el complejo de culpa post-Franco y tienen que pedir perdón por ser quienes son -cuando el gobierno actual es el más relacionado con el franquismo de la historia, según me cuenta alguien informado. Investíguense los antepasados de Bono, Rubalcaba, Bermejo, Zapatero, De la Vega… Ni un testamento manuscrito de Franco lo hubiera dejado tan bien atado.

Me viene al hilo la frase de Hayek: “La coherencia sólo es posible si se aceptan principios bien definidos”. ¿Alguien podría decir qué principios determinan el ser español? Si logra decir algunos, apliquemos la prueba del algodón: ¿son aplicables a toda nación occidental? Seguro que sí. Conclusión: no valen, reformulemoslos.

Entretanto, acudamos a las estadísticas para negar, incluso, los datos:

http://www.europapress.es/nacional/noticia-7j-fundacion-preside-caldera-sostiene-haber-sido-elecciones-generales-habria-ganado-psoe-20090617195542.html

3.

Las palabras también nos abocan a escenarios desastrosos.

El otro día en un telediario la presentadora dijo inocentemente que el actual gobierno vasco era el primer gobierno constitucionalista de la historia vasca tras el comienzo de la democracia (eso que dicen que comenzó cuando Franco muríó y nos dejó Rey y libro de instrucciones para ser demócratas).

Resonaron como un eco sus palabras en mi cabeza. Desde el año 78, desde hace 31 años, no había un gobierno “constitucionalista” en el País Vasco. ¿Qué eran los gobiernos anteriores, si no eran constitucionalistas? Nacionalistas. Y eso, ¿qué es? Siguiendo la terminología, las palabras nos llevan a un escenario desastroso. Eso del nacionalismo significa que, en una parte de España, la Constitución y los poderes del Estado de Derecho -legislativo, ejecutivo y judicial, incluyendo el Tribunal Constitucional-, han mantenido vivo un enemigo del Estado, un anti-constitucional. En aras de la unión de la nación, con miles de muertos enterrados y algún golpe de Estado que otro, somos tan democráticos que hemos estado 30 años…perdiendo el tiempo. Nacionalista, constitucionalista, comunidades autónomas, descentralización, transferencias autónomicas… son los ingredientes de la ensalada mental que hemos aliñado durante muchos años con litros de sangre. Un gobierno constitucionalista en el País Vasco es como hablar de un soldado militar o un médico que cura. ¿Es que cabe otra posibilidad? Aquí sí, porque aquí son los señores de corbata quienes decir lo que es y lo que no es. No hay sustrato de referencia al que se pueda agarrar la población y que le sirva para decir: no, señores del Tribunal Constitucional. O se respeta el principio de libertad o el ejército debe tomar esa porción del país y restablecer el orden. No hagan malabarismos, que nos cuestan ustedes mucho dinero. Los principios son estos. Interpretenlos cuando sea necesario, pero todos nosotros entendemos lo que significan, porque antes los hemos votado y antes los hemos pensado…

4.

Otras palabras nos pueden hacer revisar supuestos y dudar de los mismos, eliminando el escenario actial y no ofreciendo ninguno alternativo. Es el caso del interesante artículo de Fernando Savater en El País, “Las trampas de la fe”. Copio el link:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/trampas/fe/elpepiopi/20090609elpepicul_5/Tes/

5.

Y finalmente hay gente que es humilde, que reconoce que se puede haber equivocado, que ve que el nuevo escenario al que se está yendo es un error, y que rectifica a tiempo o dice lo que piensa para que a los que compete rectificar les de tiempo a hacerlo. Como dice Ortega, a veces hay gente que agradece que le eviten una enfermedad previniéndole. Otros, la mayoría, suelen agradecer más pasar la enfermedad y que les curen.

Dos ejemplos de advertencias: los artículos de Ortega “Rectificación de la República” y “El error Berenguer”.

Copio los links. Probablemente este reconocimiento de que “No es eso” supone el primer paso para cambiar a un escenario más veraz. Andando, con un pie en tierra -realismo- y otro en el aire -idealismo. No hay otra forma de andar.

http://www.upf.edu/materials/fhuma/hc1/temes/t6/art/art18.pdf

http://www.segundarepublica.com/index.php?id=36&opcion=7

Así pues, cambio de escenario, porque no era eso, no es eso.

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