Un país… de bandera


Polémica en la montaña. Son los riscos, las cumbres y los islotes los lugares donde acabamos siempre dando la campanada. Los militares de las Fuerzas Armadas, de maniobras -nunca en guerra, Deo gratias- se han atrevido a colgar de la cruz de Gorbea una bandera de España. El PNV ha registrado tres preguntas en el Congreso pidiendo explicaciones por escrito de la ministra de Defensa, Carme Chacón, por haber “engalanado” la emblemática Cruz. Cito de El Mundo:

“El portavoz de Defensa del PNV en el Congreso, José Ramón Beloki, pregunta a Chacón por “qué objetivo militar” perseguían los militares “con la colocación de la bandera” y si existe “algún protocolo, normativa o costumbre” de uso, colocación o exhibición de la bandera” en las maniobras del Ejército. En este punto y en caso informativo, retoma la cuestión para saber “qué está establecido” en el caso de “monumentos históricos, culturales, o religiosos”.

(…)

Según informó el Ejército, se trata de un ejercicio reglamentario en la formación de las unidades militares, contemplado en Plan de Instrucción de los soldados. En este sentido, colocar una bandera cuando finaliza la jornada y se corona la cima es “una práctica habitual”, según señalaron las fuentes consultadas.

El partido vasco pregunta a la ministra ‘qué objetivo militar perseguían los militares’ al colocar la enseña

Este tipo de entrenamiento se realiza en todo el territorio nacional, independientemente de la comunidad autónoma en la que esté ubicada la unidad. Preguntado por el tamaño de la enseña colocada por los soldados, las fuentes afirmaron que eso no está regulado y que es el jefe de la unidad quien toma ese tipo de decisiones.

Por otra parte, el PNV ha convocado una marcha montañera con ikurriñas a este monte para el próximo 4 de julio como respuesta. Según recoge Efe, los nacionalistas han concebido ese acto como un “homenaje a la ikurriña”.

La Cruz del Gorbea es uno de los puntos más emblemáticos de la cultura vasca. Situada en la cima del monte Gorbea, fue erigida en 1899 por recomendación del papa León XII. Mide 17,23 metros y presenta una estructura que recuerda a la de la torre Eiffel de París.

Desde hace décadas, es todo un punto de referencia para miles de ‘mendizales’ vascos que se echan al monte cada fin de semana con la intención de coronarla.

Aunque en sus inicios era venerada por razones estrictamente religiosas, la Cruz del Gorbea ha terminado convirtiéndose en todo un símbolo de ‘euskaldunidad’, tradición vasca y amor a la naturaleza. Es tal su arraigo que incluso cuenta con un cántico popular compuesto por montañeros.”

Que cuelguen una bandera española no me llama mucho la atención, pues es un resabio de los valores castrenses de otras épocas: el ejército como brazo armado de la Patria. Era normal, antes, que los ejércitos vivieran siempre referenciados a la bandera de su país, desde el alba hasta la noche.

Ahora eso está en desuso, al menos en los países en los que la identidad nacional está diluida, sujeta a examen, atacada o, simplemente, asociada a otros momentos en los que las dictaduras asolaban Europa. Ahora, en la moderna Europa, y sobre todo en la posmoderna España, lo de la bandera no sienta bien. Se entiende y se está dispuesto a hablar el punto. De este punto quiero hablar, por lo anormal de las reacciones que produce.

Tan anormal es que los diputados del PNV pidan explicaciones sobre los protocolos de uso o costumbre en la exhibición de banderas como que caminando el otro día yo por la Concha con la familia me encontrara una bandera española bien grande atada al monte, tachada, y que nadie hiciera por retirarla mientras los turista le sacaban fotos al “souvenir”. Llamada la Ertzaintza, la respuesta lacónica del agente cuando le explico la situación es: Bien. ¿Algo más en la zona o sólo eso?

Pues no señor, nada más y nada menos que eso.

España es un país que no entiende que la bandera es un símbolo que refleja una serie de valores que atañen a la persona y su historia. Sin entrar a debatir sobre qué bandera debe ondear dónde -que no es un asunto legal sino constitucional- quiero manifestar que es necesario un cambio de escenario. Es necesario entender que por encima de las banderas existen una serie de personas para las cuales esa bandera es su raíz, su historia y su destino. Un país tan solidario y pacífico como este no puede permitirse quemar o tachar banderas. Tampoco el que sus diputados nacionales pregunten por la legalidad o justificación de l poner esa bandera en esa loma.

No debe tacharse ninguna bandera. No debe hacerse mofa de ningún himno en ningún estadio -qué poco respetuosos somos los españoles con los demás himnos… No. Los símbolos explican identidades, y las identidades no son rebatibles. Mucho menos quemables o tachables.

Frente a la querida costumbre que tenemos aquí de abuchear himnos o quemar banderas, mejor nos iría si mantuviésemos un respeto sereno hacia todas las banderas e himnos. Permitir que en una loma ondee una bandera española no debe ser tomado como una afrenta, sino como una legítima expresión de una situación de hecho -la pertenencia de esa loma a España- que, sin duda, puede ser cambiada por cauces políticos. Pero hasta entonces, una muestra de educación y civismo es respetar las normas de juego, aunque uno se haya abstenido de votarlas.

Tachar una bandera es un atentado similar a abofetear a un nigeriano por serlo o violar a una colombiana por serlo. No entender esto es no entender el concepto de nación y, por tanto, no tener la capacidad suficiente como para configurar una nación propia. Por supuesto que montar tu propia nación es excluyente y que te tienes que diferenciar del resto, separando. Pero no agrediendo. Los ejemplos de naciones más fuertes son aquellos en los que muchas banderas y religiones son posibles bajo una misma bandera. Allí no se quema nada, porque las identidades son como las muñecas rusas: las más específicas caben en las más generales.

Y si no se piensa así, se puede dialogar. Pero quemar, tachar banderas o reducir su uso a lo que marque la ley demuestra nula educación política y moral de los españoles. Se puede tener mucha identidad sin quemarle la cara a nadie. Es más: normalmente la identidad más intensa es la que más permite la entidad de los otros. Afirmándose afirma a lo otro. Cambio de escenario: banderas e himnos, todos.

Pacta sunt servanda… rebus sic stantibus.

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