Symposyon – El regreso


Haciendo caso a un lector, que se droga mediante el visionado de películas desde que era niño, que las piratea mediante el uso de alta tecnología y, como un trapero, acumula miles de ellas, y que va a dirigir cine, a quien todo en general le importa en su justa medida y capaz de embarcar en el avión, a su lado, un monitor de ordenador encontrado en la calle, para hacer el vuelo Helsinki – Madrid, ocupando plaza, sin hablar una palabra de inglés y acabar instalándolo en su casa de Málaga porque “era una maravilla”…………………………………. creo que me ha contagiado su falta de resuello vital.

Pues en honor a este ser que sigue queriendo asesinar a un académico cualquiera y cuya lectura vital es Moby Dick (tengo en casa como una reliquia la versión estudiada y subrayada por él, de forma obsesiva, durante un año) retomo un serie de entradas, los viernes, en seguimiento de un blog antiguo que tenía: Symposyon.

La dirección es:

http://symposyon.blogspot.com/

Yo soy Tadzio en ese blog, y la primera entrada dice:

“Symposyon – El eros que impulsa al Hombre

Nace este blog con el nombre griego de “Banquete”, obra cumbre de Platón, obra maestra de la filosofía y de la literatura universal.
Bajo este nombre nace un blog que pretende, mediante la observación y el diálogo sobre algunas dimensiones de lo cotidiano, la captación de lo bello que hay en cada una de ellas y, si es posible, el ascenso hacia lo Bello mismo.
Según el -hoy- amado e idolatrado Nietzsche, “todo lo que es profundo ama la máscara”: tendremos pues que descubrir lo Bello tras las diferentes máscaras que utiliza para esconderse.
Que el eros nos impulse en el ascenso.”
Ahora que parece que he recuperado la constancia, gracias a los ánimos de mi mexicana esposa, retomo el blog, en esa página. Probablemente no aparezcan tantas ocasiones de belleza como de cambio de escenario, pero lo iremos intentando. A veces es la propia belleza la que nos tambalea y vuelve bizcos. Y de ese estrabismo nace una visión que supone un cambio de escenario.
Me llena de alegría saber que, en la inmensidad de las ondas, un puñado de almas leen, en circunstancias físicas y psíquicas diversas, lo que mis manos teclean. Es, en cierto modo, como cumplir mi sueño de escritor frustrado.
Esto de internet permite este tipo de onanismos. Todos podemos tener lectores. ¿Vanidad o esencia?
Hablamos.
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