80.000 romanos, 1 gladiador y el César


80.000 personas en el circo Bernabéu, lo más similar al Coliseo romano en la época contemporánea. Un ídolo, un gladiador. Cristiano Ronaldo. Las masas, cutres, desfasadas, llorando por las esquinas, siguiendo al salvador. Vistiendo camisetas, adoptando su estética, sus andares, sus miradas… miles se han quedado fuera del estadio, mirando a una pantalla gigante –la pantalla siempre cerca del fútbol- en pleno mes de julio.

Enardecido el público corea el nombre de su César: Florentino. Hacen gestos como de adoración y, si se inclinan un poco más, acabarán dando con la frente en el suelo.

El César les ha traído al mejor gladiador del mundo. Lo ha comprado. No hay precio que se le resista. Y hoy presenta al público, a la masa que vive de ilusiones, a su nuevo gladiador.

Aparece vestido de blanco, mira al estadio poblado de almas, todas cantando al unísono. El César le está explicando, mediante este gesto, lo que luego le dirá explícitamente: ellos viven de ilusiones, y tú eres ahora su ilusión. Ellos han pagado para que tú actúes, quieren gestos, quieren símbolos. Mira impresionado, compungido casi. Esto es todo lo que te hace ser: tu eres en tanto esto, estos, estos 80.000, te dan la vida, vienen a verte. Míralos y siéntete grande… o muy pequeño.

El gladiador lo entiende. Mirando a las alturas del estadio, sabe de que aquí nunca podrá salir como ha entrado. Se entra como un héroe, se resiste lo que se puede, se gana todo lo que el gladiador busca: dinero, fama, mujeres… pero antes o después hay que dejar el sitio a otro, más joven, más guapo, más comercial… Ley de vida.

Y el gladiador saluda al César, le da un abrazo emocionado. Por fin ha cumplido su sueño de niño –como dicen todos los que recalan aquí- se lleva la mano al corazón, jalea las consignas del nuevo equipo… El show ha comenzado.

El público más español que existe, el público que tiene como referencia ser el público del equipo de la capital de España, ya tiene a su nuevo ídolo y a su nuevo tirano. Al mismo que lo depuso hace años. Ya hay contenido para la vida, ya puede continuar lo demás, que el fútbol está ya iluminado otra vez por la mirada de Dios.

El Madrid de Florentino ya tiene a Ronaldo. La palabra fútbol no aparece por ningún sitio. Pero no importa. Decenas de miles de aficionados seguirán ofreciendo sacrificios al César y asistiendo al circo. Que comience el espectáculo.

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