A Dios rogando y con el mazo dando – historia elemental de España


A veces puede uno hacer un ejercicio de reflexión, y encontrar algo ahí que sorprenda. Otras veces el ejercicio se puede hacer simplemente de “flexión”. Salir de uno y escuchar lo que por ahí fuera se dice, y tratar de buscarle un sentido.

A una persona educada en los valores católicos como yo, que se separó de la religión por falta de simpatía y que luego volvió a ella tras “reamueblar” su cerebro de nuevo, repensando las ideas recibidas y buscando su fundamento no en lo que a uno le explicaron, sino en donde la luz natural a uno le va llevando, la polémica antirreligiosa española le sonaba a ruido, a pelea callejera y cutre entre beatos y e impíos, entre tirios y troyanos.

Imagino que el “debate” se mantiene a este nivel, porque llevamos con el asunto más de una decena de siglos y, aparentemente, seguimos como siempre. Decidí leer algo sobre el origen de este asunto para tratar de entenderlo, en lugar de vociferar como una rabanera.

En un cambio de nivel, en un cambio de escenario, propongo un estudio detallado de tres aspectos que pueden servir para aclararnos y llegar a conclusiones. Es un estudio al nivel de la intrahistoria, de lo que se mueve por debajo de la superficie, entre líneas, quizá.

Por un lado, la historia. La historia normalmente nos enseña lo que las cosas han sido y lo que van a ser, porque desconociendo lo que hicimos (las causas) solemos tender a repetirlo, lo cual, estadísticamente, suele producir los mismos efectos. Martillear clavos suele tener como resultado que el clavo resulte martilleado, y no cabe esperar que el escenario cambie mientras mantengamos el martillo, los clavos y realicemos la misma acción con uno y otros.

La historia de España -lo que quiera que España sea- va ligada a la de la Iglesia Católica desde hace muchos siglos… probablemente desde que la Iglesia logró que su producto, su misión, quedase incorporada en la misión del Imperio, con consecuencias gravísimas -en el sentido de pesadas- para la comprensión de la religión por parte de miles de millones de personas. Pudo no ser así. Pudo quedar la Iglesia ubicada en el recinto de las ideas orientales; pudo mantener su “jerosimilitanitud” y adoptar una filosofía más cercana al mundo judío (imaginemos lo que hubieran sido sus conceptos de Persona, o los dogmas, o el simple enfoque de lo social, o la liturgia…), pero se volvió griega, adoptó la filosofía de Platón y Aristóteles, un judío como Filón la modeló y tuvimos lo que tuvimos: la Iglesia de Roma. Una iglesia con sede europa, maneras europeas y que tomó a Europa como base de operaciones para convertir a mundos como el americano, el africano o el asiático…

En esa historia, a nivel universal, tenemos extremos. Tenemos a gentes como San Buenaventura o San Agustín, cosas como el Derecho Canonico, el Denziger, o eventos como los Concilios, las Cruzadas, junto con productos como las encíclicas o el periódico del Vaticano o el papamóvil…

En España tenemos siglos de presencia de la Iglesia Católica.

Tenemos la agonía del Imperio y la supervivencia del Cristianismo como seña identitaria del ex-territorio romano llamada diocesis Hispaniarum; los obispos y nobles (buen tándem) aprobando el Breviario de Alarico; el cambio del caudillaje militar a la posesión de tierras por parte de los nobles; el arrianismo de los godos y el cristianismo de los hispanorromanos, y las conversiones mutuas; la conversión de Recaredo al catolicismo para atar la cuestión política y evitar nuevas guerras civiles (allá por el año 589), alianza trono-altar que pervivirá por siglos; la persecución de judíos por parte de los conversos reyes godos; la conversión forzosa y los ejércitos cristianos (repítase la expresión, porque es impactante); la diócesis de Toledo y la destrucción de iglesias por musulmanes; los discípulos de Averroes salvando de la hoguera los textos que años después Tomás de Aquino consultaría; los Estudios Generales y Universidades quitándole el monopolio de la enseñanza a las viejas escuelas monacales y catedralicias; la convivencia entre cristianos y judíos y las persecuciones de 1391 en Sevilla, con peste, guerra, matanzas y conversiones en masa; el matrimonio de los Reyes Católicos (título otorgado por el Papa valenciano Alejandro VI), primos entre sí; la apropiación de la fortaleza ideológica de la Iglesia por la Monarquía (tándem de éxito desde entonces); la Reconquista; el permiso de Sixto IV en 1478 para crear la Inquisición; el Sefarad de los judíos; las bulas pontificas sobre los territorios “descubiertos” de América; la dinastía imperial de los Habsburgo (reyes alemanes que deciden que España será el Imperio de Cristo…); el cardenal Adriano aplastando el levantamiento ciudadano en Villalar en 1521; la proclamación de Carlos I como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (que retumben las palabras), con la unidad política de la cristiandad bajo una monarquía universal; la herejía del agustino Lutero como excusa para mantener los privilegios territoriales de los príncipes germánicos (“los príncipes protestantes”) frente al Emperador; las Leyes de Indias, la Escuela de Salamanca y los principios morales de la conquista de América; el Papa Pío V negociando con Felipe II para contar con sus tropas frente al moro; la liquidación del cristianismo humanista basado en Erasmo; la nueva expulsión de los moriscos por Felipe III en 1609; vascos e irlandeses defendiendo a España en Fuenterrabia frente al Cardenal Richelieu; el Concordato de 1753, donde el Papa reconoce la primacía de la Corona sobre la jurisdicción eclesiástica y la potestad de los monarcas para intervenir en las finanzas de la Iglesia; el Marqués de la Ensenada sometiendo a la Iglesia a la monarquía borbónica; la primera desamortización de bienes de la Iglesia, de Esquilache; la expulsión de los jesuitas por Carlos III; la burguesía ilustrada contra las catedrales; el bajo clero liderando la insurrección popular; los curas teniendo que explicar la Constitución desde el púlpito; los curas contra el liberalismo, por el Rey y la Nación; la exclaustración de los 24.000 regulares que componían el censo de congregaciones religiosas por parte de Mendizábal y la ruptura de relaciones con la Santa Sede y la desamortización posterior; el desmantelamiento económico de la Iglesia, que deja de prestar limosna y enseñanza; el carlismo de los púlpitos y la pérdida de respeto a la Iglesia, con el linchamiento y venganza correspondiente; el uso de esta cólera por la burguesía para defender de las masas sus propiedades de valor económico y político; la proclamación de la libertad religiosa y el fracaso de la Primera República; conventos e iglesias arrasadas por la furia anticlerical; la recuperación de la Iglesia de la desamortización y la socialización católica de España en el siglo XIX; el proyecto laico de enseñanza de Giner de los Ríos; Primo de Rivera, la Segunda República, la furia anticlerical; la Cruzada y/o la Guerra Civil; Franco y la Iglesia cómoda; la transición y el Opus Dei; la ETA y los curas vascos; los socialistas, el laicismo, la despenalización del aborto, la unión homosexual…

Y, en segundo lugar, tenemos, junto a esos hechos, junto al oleaje, ideas que nos contituyen como personas, como país y como continente.

Ideas como la religión, el progreso, la creación, la trascendencia, la infinitud, la historia, la razón, la justicia, la libertad, la igualdad, el trabajo, la democracia, la familia, la ciencia, la técnica, los derechos humanos, la dignidad humana… ¿Alguien tiene la capacidad de negar que alguna de ellas se capital en nuestra forma de ser?

Y, finalmente, figuras como Jesús, San Pedro, San Pablo, los Padres Apostólicos, los Padres Apologetas, San Jerónimo, San Ambrosio, San Isidoro de Sevilla, San Gregorio Magno, San Agustín, Clemente de Alejandría, San Anselmo, Bernardo, Hugo de San Víctor, San Bruno, Santo Tomás de Aquino, Santo Domingo de Guzmán, Eckart, Vicente Ferrer, San Francisco de Asís, San Buenaventura, Raimundo Lulio, Kempis, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Ignacio de Loyola, San Francisco de Sales, Bossuet, Newman, Garrigou-Lagrange, Gema Galgani, Carlos de Foucould, Maritain, Marcel… ¿Conocemos quienes son, lo que dijeron, y lo que escribieron para que o leyéramos?

Un continente controlado por españoles y que dió forma a medio mundo, y que lo hizo utilizando la forma sagrada… Recomiendo lectura de “Lo que Europa debe al Cristianismo”, del señor Dalmacio Negro.

Y una sociedad, la española, que mientras dominaba el mundo estaba obsesionada por la nobleza, el sentido de lo religioso y el honor.

Y una Iglesia a Dios rogando -lo cual ha hecho bien, de manera magistral y heróica- y con el mazo -con el mazo del poder político y económico, en sus manos o en manos de nobles o reyes, dependiendo de la época- dando.

¿Se puede hacer, con todo esto en mente, afirmaciones simplistas? Se puede. Un anormal se atrevería. Un audaz también. Un ignorante seguro.

Ahí va un ejemplo (con su contraejemplo, claro, porque aquí siempre tenemos de ambos):

5 de 6 en Cartas al director < AnteriorSiguiente >
Sr. Director:
He oído por la radio que una mujer se ha acercado al presidente del Gobierno y le ha dicho: “¡hay que ver, el poder que aún tiene la Iglesia en la sociedad!… ¿no se podría hacer algo?”

Y Zapatero le responde con esta acusación: “en ningún país de Europa sucede lo que aquí, esta pretensión de la jerarquía católica de tener protagonismo en el debate público y de condicionar la acción política”.

Va a ser que no Sr. Zapatero, ¿es que no sabe que es España el único país de Occidente donde se mantiene en pie la batalla antirreligiosa? Tome nota que la Iglesia como otra institución, no sólo tiene el derecho, sino la obligación, de ser protagonista en el debate público y en el transcurrir de la acción legislativa y ejecutiva del poder político. No es, ni tampoco pretende ser un partido político, ni se identifica con ninguno. No busca privilegios. No se mueve por ideologías, sino por el Evangelio.

Como dijo Benedicto XVI en su magnífico discurso a la Universidad de La Sapienza, “la Iglesia es una comunidad que custodia un tesoro de conocimiento y de experiencia ética, que resulta importante para toda la humanidad”.

La voz de la Iglesia expresa una razón ética decisiva para conformar la opinión pública, más aún en un país como España en el que la tradición católica sigue siendo mayoritaria, aunque eso disguste a Zapatero.

Si estas cosas supiera ZP (…), no haría el ridículo, pero claro eso es ya mucho pedirle.

Nieves Jiménez

Pienso que a esta dos señoras, a estas dos Españas que llevan enfrentadas desde hace más de un milenio, se les podría enviar una misión conjunta de educación formada por un tutor católico y un tutor ateo y que debieran ser recluidas en una misma habitación durante unos años, dándoles como alimento esencial libros de historia y filosofía, y recibiendo clases continuadas por parte de historiadores, filósofos, etc. de todo pelaje y tendencia.

Y con estas dos señoras, debieran recluirse también en esa habitación el máximo representante del Gobierno del momento y el máximo representante de la Iglesia del momento. Por sistema, y como requisito de acceso a los puestos.

¿Cómo después de miles de años de lo mismo, puede alguien atreverse a hablar de ello de esta manera? Cambio de escenario. Silencio y a pensar. Unos años de silencio, repasando lo sucedido, leyendo hemerotecas y pensando.

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