La noción del más


Llevamos tiempo asistiendo al debate entre facciones: a un lado, los partidarios de la protección. Hay que mantener el pequeño negocio; hay que subvencionar los cultivos; funcionarios para vigilar a todos; precios de referencia; prohibido fusionar compañías en determinados sectores o que compañías extranjeras adquieran españolas en sectores estratégicos…

Al otro lado, libre apertura de centros comerciales que compiten con el pequeño negocio; desaparición de la estructura productiva tradicional; que nos dejen tranquilos y desaparezca el Estado; fin de la acción de oro y permiso para adquirir empresas españolas por otras extranjeras…

Un ejemplo de este debate:

Los pisos nuevos se construyen sin bajos comerciales para preparar el terreno a las grandes superficies mientras se cierran los tradicionales mercados. Tras la muerte del pequeño labriego llega ahora la del pequeño comerciante. Y lo peor: la gran empresa pretende sustituir al pequeño propietario por el autónomo externalizado. Una ley que lleva toda la vida económica hacia el oligopolio y toda la vida política hacia la plutocracia
Hispanidad, sábado, 11 de julio de 2009

Lo pequeño es hermoso pero, al parecer, al poder repudia la hermosura y la pequeñez. El gobierno Zapatero ha lanzado el proyecto que modifica la Ley de Ordenación del Comercio Minorista. En pocas palabras, mantiene el veto de las comunidades autónomas a la apertura de grandes centros comerciales.

De inmediato, han surgido los ‘liberales de proximidad’, que se han rasgado las vestiduras y que exigen libertad total para abrir centros comerciales, esto es, una vez más, la libertad que consiste en soltar a la zorra en el gallinero.

Pero lo cierto es que dejar en manos de las autonomías la apertura de centros no significa la victoria de los pequeños comerciantes sobre las grandes sociedades anónimas, entre otras cosas porque muchos gobiernos regionales –como el de Madrid, son partidarios de un sector controlado por pocos-muy-grandes y por un estado de cosas donde cada vez son menos los que mandan más.

Pero es que, además, toda la estructura económica está forjada a favor de los grandes frente al pequeño comercio. Por ejemplo, las nuevas viviendas carecen de bajos comerciales mientras desaparecen los antiguos mercados compuestos por un conjunto de empresarios independientes, al tiempo que la progresiva concentración de los circuitos de venta ha puesto a los productores en manos de los distribuidores, que monopolizan las ventas e imponen precios que no se ofrecen al pequeño comercio.

En definitiva, tras la desaparición del pequeño labriego se apunta ahora a la desaparición de los pequeños comerciantes a manos de las grandes superficies. Es todo un ataque contra la propiedad privada, porque, no nos engañemos, en las grandes empresas la propiedad de los accionistas es virtual y el poder está en manos de las grandes tecnoestructuras, es decir, de los directivos.

Hoy, en España, puede decirse que los únicos pequeños comerciantes, propietarios de su negocio, que quedan son los chinos, considerando que su estructura de propiedad resulta, cuando menos, sospechosa.

No sólo eso, sino que la gran empresa tiende a convertir a los pequeños propietarios en autónomos externalizados, por ejemplo, en el sector transporte. En España, Panrico se convirtió en el arquetipo de este sistema, pero lo cierto es que es sólo un ejemplo.

Al final, la muerte del pequeño comerciante se enmarca dentro del proceso más general de defunción de pymes de todo tipo. Lo pequeño, al parecer, ha dejado de ser hermoso, al menos para los poderosos, con el añadido, terrible, de que crece el oligopolio económico y la plutocracia política. Todo un ataque a uno de los derechos básicos del hombre: la propiedad privada.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com

He aquí un ejemplo de debate infértil. ¿Nos vamos a convencer de que hay que abrir centros comerciales libremente? ¿O de que hay que prohibirlos para defender al libre comercio?

Cambio de escenario. Quizá hay que subir un nivel y discutir las premisas. Las bases del sistema de ideas en que se vive. Entiendo que la apertura de Prycas, Mercadonas, Carrefours, etc. tiene como fundamento una tendencia social a consumir productos de calidad a bajo precio, por lo que proliferan centros comerciales que, por decirlo claro, tienen un poder de compra tal que pueden comprar espárragos en Navarra a un precio de 2 y venderlos en sus grandes superficies a un precio de 4.

Para hacer esto compran millones de espárragos al productor navarro que, feliz, los vende al gran cliente y saca su margen. La cuenta sería:

– Me cuesta fabricar un espárrago 1 y lo vendo a 2. Luego por cada espárrago saco 1. Si vendo 1 millón de espárragos, saco 1 millón. Pero si produzco 1 millón de espárragos para venderlos, seguro que soy capaz de producirlos por menos de 1 (al alcanzar ahorros en factores de producción como el trabajo, los elementos de inmovilizado…). Luego me interesa producir MÁS para ganar MÁS.

– Si en lugar de vender un millón de espárragos a mi gran cliente lo hago a clientes más pequeños, probablemente no logre vender tantos. Una de dos: o me esfuerzo por llegar a vender ese millón -gasto en comerciales, etc., lo cual me hace tener que vender más caro para cubrir esos costes adicionales- o me conformo con vender menos, con lo que ganaré menos en total. De cualquier manera, tengo que vender, a estos clientes menores, el espárrago a 3, en lugar de a 2. Lo vendo MÁS caro. Eso hace que, a su vez, el señor de la tienda que me compró unos cientos de espárragos no pueda venderlos al precio al que lo hace su comeptidor, mi gran cliente. Mi gran cliente vende a 4 y saca 2 por espárrago. Para sacar 2 por espárrago, mi pequeño cliente tiene que vender a 5.

El señor de la calle tiene que elegir entre comprarle el mismo espárrago a mi gran cliente a 4 o a mi pequeño cliente a 5.

Si seguimos los reglas lógicas del juego del MÁS, el señor de la calle le comprará a mi gran cliente. Eso hará que el pequeño cliente se extinga a medio plazo, y que sólo quede vivo mi gran cliente. Sabiéndolo, vendrá a mi fábrica y me dirá: oye, te compro el espárrago a 1,5, que veo que tu pequeño cliente ha cerrado. Como ahora yo te compro su volumen y el mío, entiende que te pague menos por espárrago. Ello hace que el productor tenga que vender ahora sus espárragos a 1,5, en lugar de a 2. Es decir, saca menos margen. A su vez, tendrá que decidir si baja el sueldo a sus trabajadores o intenta producir un espárrago MÁS barato que el anterior. Así lo hará.

Mientras, el señor de la calle sigue comprando el espárrago a 4, aunque el gran cliente saca ahora un margen de 2,5 por espárrago. Saca MÁS margen. Sacando más margen, goza de buena salud y va creciendo. Sus empleados son también más y van ganando capacidad adquisitiva -a costa del margen del productor-. Compran más espárragos, probablemente en gran superficie, lo cual hace que de nuevo el director de compras visite al navarro y le diga: oye, ahora te pago 1 por cada espárrago, pero véndeme MÁS, que necesito MÁS.

El navarro ve que no llega a poder producir lo que le pide su gran cliente. Ve que ahora le pagan 1 por lo que a él le cuesta 1. Y echa de menos al pequeño cliente que le pedía poco y le pagaba más. Pero ahora no hay tiempo para echarse atrás. Compra espárrago barato en China que le cuesta a 0,2 y lo vende a 1, como su gran cliente le pide. Asimismo, y para poder atender semejante demanda y llevar los espárragos a todos los centros de su gran cliente, se endeuda y compra camiones. Y para acumular los espárragos chinos compra naves, para las que también se endeuda.

Un día, cuando su gran cliente le compra los espárragos a 0,4 decide que ya no merece la pena dedicarse a los espárragos y vivir para pagar la deuda que los bancos le exigen por los camiones, las naves y los espárragos chinos, y le entrega su empresa al gran cliente, que se la compra por 2. Por el valor de un espárrago de los de antes.

Ahora discutamos: ¿grandes superficies o pequeño comercio? ¿Es esa la materia de discusión? Yo diría que no.

No es eso. Cambio de escenario.

Yo iría al señor de la calle, me sentaría con él en un banco de la calle y le preguntaría: ¿oiga, usted se ha planteado las consecuencias que para usted, para los venderores de espárragos, para los productores de espárragos y para el mundo en general, tiene la noción del MÁS? Me miraría extrañado y no contestaría.

Y le preguntaría de nuevo:

– ¿usted por qué quiere ganar MÁS y pagar menos? a lo que quizá me respondería que para tener MÁS dinero.

– ¿y por qué quiere tener MÁS? le volvería a preguntar.

Y le seguiría preguntando MÁS y MÁS hasta que mi curiosidad quedara satisfecha. Haría lo mismo con el que produce los espárragos y con el que los vende. Y cuando llegara a una respuesta satisfactoria, probablemente todas las demás cuestiones, dependientes de esta del MÁS, estarían resueltas.

Ni más, ni menos.

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