Low cost Alemania vs. low cost Spanien


Perdón por no haber escrito en estos días. Andaba tratando de salvar los muebles.

Volvemos a la carga. Por lo que me comentan, esto del blog o la bitácora -nombre raro, suena a cucaracha o a bicho malo- es cuestión de novedad en la regularidad. Así será.

Mañana sale publicada en Negocio una noticia que me ha llamado la atención: “El low cost de Telefónica arrasa en Alemania”. Resulta que en uno de los mercados más competitivos que existen, Telefónica recorta terreno a Deutsche Telekom, KPN y Vodafone. Utiliza allí un operador móvil virtual llamado Fonic.

Hasta ahí, nada relevante. Propongo sacar punta a la noticia y hacerle algunas derivadas:

– Telefónica es una compañía que por sistema abusa de sus clientes, utiliza su tradicional posición dominante o monopolística contra sus clientes y emplea técnicas casi mafiosas para retenerlos. No digamos cuando dejan de pagar una factura. Sin embargo, cuando religiosamente pagas 600 euros de teléfono mensual, nadie te llama para recomendarte un plan de ahorro… Yo la calificaría como una compañía tercermundista.

– Vodafone, por ejemplo, es otra cosa. Buena atención al cliente, buenas ofertas, cumplen su palabra, buena calidad técnica…

Pueden compartirse estas premisas o no. Para el caso es indiferente.

El caso es que Telefónica, la línea dominante en España y que machaca por sistema a las demás, haciendo uso de redes, etc. entra en Alemania… como un OMV, un operador móvil virtual. Es decir: entra en uno de lso mercados más competitivos que existen, y sin red propia… Y más aún, hijo mío: alcanza un millón de clientes un año y medio antes de lo previsto. Un éxito. ¿Cómo lo hace? Imagino que utilizará agresivas campañas comerciales y los bajos costes que le permite su condición de OMV -no sé nada de telefonía, que conste. Y el caso es que capta clientes. Como en banda ancha. ¿Sólo eso? No. Me atrevo a apuntar dos aspectos adicionales:

– La limpieza del mercado: seguramente Telefónica está siendo respetada en Alemania mucho más de lo que ella respeta a pequeños OMVs en España. Que le pregunten a Yoigo y sus compañeros.O que le pregunten a Telefónica lo que le hace Telmex en México… darle de su misma medicina.

– La cultura del alemán: capaz de entender que low cost no es lo mismo que low quality, probablemente ha encontrado que Telefónica ha echado el resto en Alemania y, de modo crítico, ha decidido contratar con ellos. El alemán entiende de low cost y apuesta por el low cost. El alemán ahorra, vive con poco y gasta poco. Invierte, mantiene reservas para el futuro y produce con valor añadido. Probablemente el alemán no sabe que el honesto esfuerzo de Telefónica en Alemania que él tanto aprecia -por ser un esfuerzo muy alemán, muy claro- seguramente está financiado por “imperfecciones” del mercado español: i.e. aquí no tenemos ni idea ni de exigir nuestros derechos de consumidor de servicios, ni tampoco de cumplir con nuestros deberes de prestador de servicios. Y empresas como Telefónica nos pasan por encima con la misma singular alegría que cuidan al alemán.

En conclusión: existen compañías bifrontes, que presentan una cara en mercados desarrollados -EE.UU., Alemania, Francia, Reino Unido- y otra muy distinta en países subdesarrollados: España, México, etc. Y existen compañías así porque existen personas así. No es una cuestión de adaptarse al entorno -donde fueres, haz lo que vieres- sino de moral de circunstancias. Personas y compañías que en ciertos lugares no se permiten ni un desliz, y que en otros se creen los líderes de la manada. Los bancos son así: BBVA, SCH… Las telecos son así.

¿Qué hace que en unos sitios se comporten de una forma y en otros de otra? No sólo su capricho o conveniencia. También el público ante quien están. A estas compañía, en ciertos sitios, el ciudadano no les pasa ni una. Porque no tiene por qué. No será muy culto o muy inteligente el usuario de telefonía low cost o el usuario de aviones. Pero sabe que tiene derechos y obligaciones. Y las cumple y exige su cumplimiento. En esos lugares tendemos a decir que las cosas y las personas funcionan. En otros lugares tendemos a decir que no.

Nunca olvidaré los gritos de una alemana, entrada en años, en un avión en Barajas. Estábamos llegando al finger tras un vuelo, creo que desde Berlín o Aquisgrán, cuando una pasajera empieza a chillar y a señalar a otro sentado delante de ella. Todos miramos a donde ella señalaba, y el señor señalado se escondía en su butaca para no ser visto mientras hablaba por el móvil, nada más aterrizar. La alemana gritaba indignada, porque un pasajero estaba hablando por el móvil y poniendo en peligro su seguridad. Y ella no estaba dispuesta a aceptarlo. Ella cumplía las normas y no tenía por qué aguantar a otro, español (Schade) que no lo hiciera: ese no era el pacto entre viajeros, pacto tácito que se hace cuando uno compra el billete y se adhiere a las normas de seguridad.

¿Imaginamos este comportamiento entre españoles? Difícil. Aquí miraríamos al “acusica” con mala cara, disgustados por el ruido que está haciendo por, total, una llamada de nada que ni perjudica a nadie ni causa peligro: si ya estamos en tierra. Si el avión ya está casi en el finger. ¿Os habéis fijado cómo en ciertos aviones la gente no se levanta hasta que se apaga la señal y en otros la gente se pone de pie con el avión aún rodando?

Es todo una cuestión de educación y moral: exigir derechos, incluso en low cost; cumplir con tus obligaciones, incluso en low cost; valorar el low cost; apreciar el esfuerzo de nuevas compañías; respetar la libre competencia…

Hay normas, no escritas. Y, al final, esas normas, la mayoría muy naturales y nada sofisticadas, son como los hechos de los estoicos. Volentem ducunt, nolentem trahunt. Conducen a quien se somete y arrastran a quien se resiste. Alemania es una nación que conduce (el verbo es führen, recordemos a Adolf). España es una nación que arrastra. Eso hace que en Alemania Telefónica triunfe comportándose como una buena compañía y en España arrastre comportándose como una déspota.

Toma ya ejercicio de anti-transnacionales. No es eso. No es eso.

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