Laicidad


Lo reproduzco por su interés. Parece que pensamos algunos igual.

La laicidad, ni de derecha ni de izquierda

La ciudadanía suiza ha votado en referéndum prohibir que las mezquitas tengan minaretes en su país. Los musulmanes reaccionan con dureza y media Europa expresa su perplejidad por esta decisión popular. Pero lo cierto es que la pugna de la política contra las simbologías religiosas ha arraigado con fuerza en las democracias de la Europa occidental, desde las prohibiciones de velos musulmanes hasta las de crucifijos católicos, en las muy católicas Francia, Italia… y España. He aquí la reflexión de PEDRO G. CUARTANGO, hace un año, cuando era un juez el que mandaba retirar un crucifijo:

*** La decisión de un juez de ordenar la retirada de los crucifijos en las aulas de un colegio público de Valladolid vuelve a plantear crudamente el debate de la laicidad, que tanto encono suscita entre una izquierda anticlerical y una derecha alineada con las tesis de la Iglesia católica.

El concepto de laicidad -es decir, la separación del ámbito de las creencias religiosas de la organización política del Estado- se ha convertido en un espacio de confrontación entre los partidos en España.

Y ello se produce por dos efectos perversos que llevan a la derecha y a la izquierda a ser incapaces de lograr un consenso a la hora de llevar a la práctica el concepto de laicidad.

De un lado, la izquierda mantiene los viejos prejuicios de la Ilustración dogmática de que cualquier presencia de lo religioso en lo público supone una discriminación para los no creyentes. Los intelectuales de la izquierda creen en el fondo en la tesis de Jacques Derrida de que asistimos a un enfrentamiento entre las religiones monoteístas y los valores de la libertad y la razón.

Ello es falso porque el propio concepto de laicidad tiene su origen en el pensamiento cristiano occidental. Los filósofos escolásticos ya defendían una conciliación de la fe con la razón, una línea que llega hasta este Papa, que ha reivindicado la compatibilidad entre la autonomía del entendimiento y la religión. Ahí está su apasionante debate con Habermas.

De otro lado, la derecha niega la legitimidad a gobiernos democráticos, elegidos libremente por los ciudadanos, a legislar contra la doctrina de la Iglesia en asuntos como el aborto, el matrimonio homosexual, la eutanasia y las tecnologías genéticas.

Cuando Zapatero ha impulsado el reconocimiento legal de los matrimonios homosexuales, los obispos han visto un ataque contra la familia, cuando se trata de una iniciativa que no obliga a nadie.

La derecha y la Iglesia deberían aceptar esta autonomía del Gobierno para legislar, como la izquierda debería aceptar que los símbolos religiosos no ofenden a nadie. España es un país de tradición y cultura católicas desde la noche de los tiempos, por lo que resulta difícil de entender que se quieran suprimir símbolos que forman parte de nuestra identidad histórica.

La laicidad no es de la derecha ni de la izquierda, ni de los creyentes o los agnósticos, ni de los cristianos o los musulmanes. Es una actitud de respeto hacia el otro que todos debemos asumir, lo cual es fácil de predicar pero difícil de llevar a la práctica en un país tan cainita como este. ***

(El artículo ‘La laicidad, ni de derecha ni de izquierda’ fue publicado por Pedro G. Cuartango en EL MUNDO el 1 de diciembre de 2008)

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