Anticristo y Avatar


“Aprende a respirar. Inspira. Cuenta hasta 5 lo más lento posible. Espira.”

Han sido dos experiencias cinematográficas.

Avatar, de James Cameron, horizontal, de consumo, de ahora. Buscarle verticalidad es un ejercicio de gran voluntad, y yo preferí centrarme en lo que se llama “la experiencia estética”. Contar los millones de créditos que aparecen al final de la película ya es una experiencia apabullante. Miles de figuras efectos especiales. Un gran leviatán conformado por la voluntad de muchos individuos que, colectivamente, dan lugar a la gran wiki-película. Por supuesto, la vi en un cine vip de Guadalajara (México), en una butaca que se hacía cama, comiendo un bol de palomitas -driver de ingresos del cine horizontal- y con mi esposa tumbada en la butaca de al lado.

Anticristo, de Lars von Trier, es la antítesis. No llegó a mi impuesta por el runrún de la masa y las marquesinas de autobús, sino recomendada por mi amigo Rafael, el maestro (un von Trier malagueño más atormentado que el propio danés) y con cautelas acerca de su carácter explícito y el terror que infunde su argumento. La alquilé en el videoclub -eso de bajarme las películas de internet, aparte de serme físicamente imposible por lo complejo, me resulta ya demasiado promiscuo: necesito tener una relación de propiedad con los libros y, al menos, una de posesión con las películas, ya sea pagando una entrada o llevándome la película a casa; verla en el ordenador me castiga moralmente. La vi por la noche, como acontecimiento.

Y es vertical. Toda ella. Desde la caída del niño hasta la caída de los frutos del árbol, uniendo el Bien con el Mal mediante una fina línea que se quiebra, como los árboles del onírico y fantasmagórico bosque.

Sólo con dos personajes, encarnados por Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg -en mi opinión, espectacular excepto cuando llora.

Es importante el tratamiento de la tristeza, lo opuesto a la alegria. Importante ver también los extras de la película, explicando la elaboración de la misma y los motivos que la sustentan. Me despido con una referencia del propio director en la presentación en Cannes:

“No tengo que justificarme. Yo hago películas y esta es fruto de la voluntad de Dios. Además, yo soy el mejor director de cine del mundo”, expresó sin atisbos de modestia en la rueda de prensa tras la proyección. “Sí debes justificarte. Esto es Cannes”, le contestó el periodista que abrió el turno de preguntas. “No me debo a la audiencia sino a mí mismo. Hago las películas para mí. Vosotros sois sólo mis invitados”, confesó sin pudor.

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