Mirlos


Cantaron los mirlos.

Cantaron los mirlos al atardecer, hacia las siete.

Tras un wagneriano invierno, gigantomaquia de nieves, lluvias torrenciales y destrucción ascética, casi limpieza de lo viejo, llegaron los mirlos, en su habitual algarabía para buscar un sitio donde dormir.

Caía la tarde, velo de la lucha que acaba de terminar. Las nubes ya abrazaban las primeras luces de la luna, esponjadas, presentándola con suavidad. Dándole entrada al nuevo año, inaugurando su nueva función de inspiradora de amores.

Subían de la tierra los primeros aromas a primavera: la tierra empieza a prepararse como lecho para las parejas que, a la llamada de la vida, retozarán en sus diferentes estampas: jardines, praderas, umbrías y vegas.

Rompe la vida. Los mirlos, clarines declaradores del ritmo, ponen fin a la tragedia. El alma, exhausta, se entrega a la Vida. Eclesiastés:

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora:

Tiempo de nacer
y tiempo de morir,
tiempo de plantar
y tiempo de arrancar lo plantado,

tiempo de matar
y tiempo de curar,
tiempo de destruir
y tiempo de edificar,

tiempo de llorar
y tiempo de reir,
tiempo de hacer duelo
y tiempo de bailar,

tiempo de esparcir piedras
y tiempo de juntarlas,
tiempo de abrazar
y tiempo de abstenerse de abrazar,

tiempo de buscar
y tiempo de perder,
tiempo de guardar
y tiempo de tirar,

tiempo de rasgar
y tiempo de coser,
tiempo de callar
y tiempo de hablar,

tiempo de amar
y tiempo de aborrecer,
tiempo de guerra,
y tiempo de paz.

¿Qué provecho obtiene el que trabaja de aquello en que se afana?

He visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.

Todo lo hizo hermoso en su tiempo, y ha puesto eternidad en el corazón del hombre, sin que este alcance a comprender la obra hecha por Dios desde el principio hasta el fin.

Sé que no hay para el hombre cosa mejor que alegrarse y hacer bien en su vida, y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce de los beneficios de toda su labor.

Sé que todo lo que Dios hace es perpetuo:
Nada hay que añadir ni nada que quitar.
Dios lo hace para que delante de élteman los hombres.

Lo que antes fue, ya es,
y lo que ha de ser, fue ya;
y Dios restaura lo pasado.

Vi más cosas debajo del sol:
en lugar del juicio, la maldad;
y en lugar de la justicia, la iniquidad.

Y dije en mi corazón: «Al justo y al malvado juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace».

Dije también en mi corazón: «Esto es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y vean que ellos mismos son semejantes a las bestias».

Pues lo mismo les sucede a los hijos de los hombres que a las bestias: como mueren las unas, así mueren los otros, y todos tienen un mismo aliento de vida. No es más el hombre que la bestia, porque todo es vanidad.

Todo va a un mismo lugar;
todo fue hecho del polvo,
y todo al polvo volverá.

¿Quién sabe si el espíritu de los hijos de los hombres sube a lo alto, y el espíritu del animal baja a lo hondo de la tierra?

Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esa es su recompensa; porque, ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de venir después de él?

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