“En Haití hay futuro”


No, no es eso. No está usted leyendo otro mensajito de ánimo solidario para con otro remoto país -siempre remoto- a donde mandar su kilo de ayuda.

Hoy noeseso blande la espada. Tras unos meses de reflexión, hoy toca deshilachar. O hilar, como se quiera.

“En Haití hay futuro” es el nuevo leitmotiv de una página web de una ONG jesuita. Juegan con la animación informática y pasamos del mensaje “En ti hay futuro” a “En Haití hay futuro”. Y continua: “Si el terremoto de Haití te ha sacudido, pon tu corazón en Haití y colabora para construir un futuro sólido a través de la educación”.

Adjunto el link:

Siempre abierto y a las claras, aunque me toque ración de paredón.

Bien. Hilo lo anterior con el Nóbel que el tribunal del Bien y del Mal le va a dar a Vicente Ferrer en un tiempo. Vicente, el nuevo Cristo del siglo XXI. O Obama. O Madre Teresa. Son todos tocables, tuvieron dudas existenciales. Nos gustan.

Hilo lo anterior con la visión de una estola, vestida por uno de los concelebrantes en Navidad, con motivos indígenas, reflejo sin duda del compromiso de la orden con los pobres del Reino. Misa en Plaza Castilla, barrio de pobres bajo las Cuatro Torres. Estola de colorines, Caja Madrid financia con su Obra Social. Mis pastillas, por favor.

Y me falta… ¿qué me falta en el escenario? El Rey.

En esta religión secular (Dalmacio Negro y “El mito del hombre nuevo”) que busca la gran utopía de la Justicia Social, Vicente Ferrer va a recibir el Nóbel, en Haití hay futuro (sobre todo para ti, muchacho/cha de clase media alta que, pecador de la pradera, ya casi bipolar, debieras, como Íñigo, abandonar tu cuna noble y marchar por el mundo a desfacer entuertos, robando a los ricos para darle a los pobres del Reino sin Rey, rentabilizando los millones de talentos que se te han dado) y el Papa representa la vieja Iglesia prostituida al Imperio. El Papa tendría que ser Vicente, vender el Vaticano y el Papamóvil Mercedes Benz -quien lo querrá-, repartimos entre los pobres los euros que se saquen y a correr, que aquí lo que falta es Justicia, Jushtizia Sozial.

Pero nosotros, ¡ah nosotros!. A nosotros Él nos ha revelado la Verdad porque, como esta es voluminosa, sólo en alguien grande como nosotros cabe. Somos tan grandes que no cabemos en ningún sitio, como el gas a presión: intuicionistas a más no poder, recibimos la iluminación y allá que corremos, a primera línea de fuego, a la frontera.

¿La frontera de qué? Probablemente la frontera entre los buenos y los malos, entre lo virginal y lo manoseado por esta cultura mala, malísima, que hay que limpiar de una vez. Ellos sufren, yo lloro por ellos. Yo me pongo en marcha, me voy a la frontera, llego al reino de los avatares y hago lo necesario para que Yo ya no llore más por ellos: les cambio. Les educo y les doy una vida buena: justo la que yo no tengo aquí en “el primer mundo”.

Yo, grande, inmenso, me abajo. Salgo de mis facultades con mis doctorados en Teología, Filosofía y alguna ingeniería, hago las maletas y me voy a la selva, y les enseño a construir una acequia, a organizar el reparto de los excedentes (ssssh) o plusvalías (sssssssssh) y ellos me dan amor, sinceridad y colorido. Cantamos canciones en comunidad y ya no puedo olvidarme de ellos jamás. La orden y los donativos me pagan los viajes en avión del primer al tercer mundo y, si tengo lo que hay que tener, un día no volveré. Me quedaré en la selva con los benditos, con los pobres del Reino sin Rey.

Cuando veo su estola de colorines y su mirada vacía, sintiendo que su sitio está allí, no aquí, entre las comodidades del primer mundo, me sale decirle: “Quédate aquí y lleva la Buena Nueva a tus compañeros de seminario, que están tratando de rehabilitarse, casarse con alguna chica y ser readmitidos en la clase vip a la que pertenece su familia”. O “quédate aquí y mira a ver si logras que los que escuchen tu homilía no se sientan el lunes en el despacho más grande de la empresa que montaron hace años sintiéndose culpables por haber prosperado, por haber querido la mejor educación para sus hijos, por haber podido pagar todo aquello y por no estar en ese mismo lunes a 12 mil kilómetros de distancia del despacho construyendo una parroquia de brezo para los pobres del Reino”. O escribir al general y decirle: “Don Adolfo, ¿por qué no los trae ya de vuelta a casa, que estos chicos, como los de Apocalypse Now, se están desubicando en la selva a base de confundirse con el follaje? ¿No sé da cuenta de que estos han esquiado en Pirineos, gastado ropa cara y leído muchos libros? ¿Cómo les pone a cavar zanjas, si sus manos son finas como las de un pianista? ¿No sé da cuenta de que, sometidos a tamaño desarraigo, lo más probable es que arraiguen en una buena moza y manden todo al carajo -nunca mejor dicho?”. Lo mismo me hace caso.

Y del sumatorio de los que se van quedando aquí lo mismo un día allá no va nadie. Y, quizá, los de allí hay un día que, sin el consuelo divino y las canciones, se levantan del suelo, generan su propio sistema económico -infraestructura-, social y político. Y salen adelante. Y le rezan a Dios (este probablemente tiene que ser el mismo, pues 5 siglos dejan su huella) pidiendo perdón, como hacemos en los países ricos.

No dando gracias. Porque ese día Dios, allí también, tendrá que empezar a impartir Justicia (dará a cada uno lo suyo: es decir, que a estos ya les tocará algo “suyo” en Justicia) en vez de repartir gracias (las gracias, que son siempre de otro, y que se reparten tras las epidemias, los terremotos, el hambre, etc.).

Ese día ya no andaremos imprimiendo cientos de documentos sobre la Justicia Social -incluso dedicando días mundiales a ello. Ese día esa gente tendrá Esperanza, que es la máxima Justicia Social. Esperanza es tener proyecto. Los recursos -ahí donde se ha enganchado la Justicia Social del primer mundo- son para los proyectos. Esto lo decía, si yo entendí bien, mi maestro Julián Marías, un republicano (¡puff, qué jardín!).

Ese día en Haití habrá futuro, habrá Esperanza, habrá Libertad para conquistar los proyectos y Justicia para aquellos que luchen por conquistarlos. Y de todo ello saldrán los recursos (que son medio, no fin).

Ese día en Haití habrá futuro, independientemente de donde pongas tú tu corazón, tierno primermundista con la conciencia rota, el afecto congelado, el cerebro a punto de estallar y el corazón en infarto permanente, como la perdiz de granja ante el cazador novel.

Mejor dicho: ponlo en ti -como el condón, pero a la inversa-, que falta te hace. Que vives un punto descorazonado. No lo trasplantes, no lo dones. Hazlo latir entre la masa de aquí, la de los lunes y los martes cotidianos, la del inmigrante y el del subsidio, que necesita que tu cordialidad la convierta en pueblo (soberano algún día). Date dándote a ti. No te camufles en el follaje.Aquí no hay selva: esto es un páramo, como bien sabes aunque quisieras no saberlo y vivir al filo.

En Haití hay futuro. Aquí no. Cambia tu estola de colorines y ponte una lisa. O explícanos lo de los colorines, porque lo mismo nos da Esperanza. Y explícanos lo del Bien y el Mal, que lo tenemos un poco desdibujado. Y vamos a revisar lo del capitalismo, el liberalismo y el marxismo, porque son conceptos ya casi amorfos que no entiende nadie, y se gritan mucho por la calle (¡qué imprudencia, qué locura gritar lo que no se entiende!).

Enséñanos lo de la liturgia: parece que en la selva les vigoriza. ¿Podríamos tocar un poco de ventrículo, a ver qué se siente? Parece que esto de sentir va siendo importante.

Repasemos lo de los pobres del Reino y las Bienaventuranzas, porque se nos ha ido un poco la cabeza con la literalidad. Un poco de ánimo y alegría a la culpable Esposa de Cristo tampoco vendría mal.

Revisión de los estereotipos. Un vistazo a los escolásticos por si hay algo en ellos que nos sea útil -aunque parezcan muy áridos. Repaso a las teologías, en perspectiva, tras el Concilio. ¿Por qué no un Concilio III? De acuerdo, lo celebramos en San Cristóbal de las Casas, o en la UCA. No hay problema. Y le ponemos colorines. La logística será un lío, pero solo eso.

Y en las potentes universidades, de donde salieron los de la estola de colorines, revisitemos términos quizá no muy trabajados. La empresa. El mercado. El capital. El trabajo. ¿Cómo es posible que haya decenas de escuelas sobre el mismo Dios y una única escuela sobre estos términos? Por Dios. ¡Un poco de diversidad en la Universidad!

Y, finalmente, la nota máxima: ¿quién abre la cátedra de integridad humana? ¿quién se atreve a dar clases sobre el Hombre, cuerpo y alma, materia y espíritu? ¿quién sabe lo suficiente de leyes y pueblo como para hablar de Politica, quién se atreve con la Teología Política, quién empieza a redactar una nueva Constitución? ¿Cuándo nos ponemos en marcha para liderar -ya que por nuestro origen siempre nos ubicamos delante- lo que hay que hacer? ¿Podemos tocar las campanas cada hora? Los turcos lo hacen con su oración, y son estado laico, con un 99% de musulmanes.

En Haití hay futuro. Pero no es eso. Ya no es eso.

Hala. Misión cumplida. Volvemos a casa, valientes.

PD: Según mis datos, probablemente erróneos, el número de valientes de reemplazo que saldrían del actual seminario rumbo al reino de avatar asciende a… 14. Faltan vocaciones y se está produciendo el fenómeno contrario. Son los chicos del reino de avatar los que acuden a los seminarios y y llenan las parroquias del primer mundo. La frontera es móvil: se nos echa encima. Y es que los sociólogos tenían razón: la demografía cuenta, incluso en los seminarios. Ahora va a resultar que van a venir con sus colorines y su acento melodioso a hablarnos de Guadalupe o del Cristo de la Sierra Tarahumara. Sí Señor. En Haití hay futuro, pero aquí no.

Así que los misioneros del futuro ya tienen nueva tierra de evangelización: aquí mismo. Esperemos ser tan hospitalarios como ellos lo fueron. Volved a casa muchachos, que el profesor, doctor por la UCA, os dará clase de Pentateuco. Ahora sois vosotros los bárbaros y ellos los civilizados.

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