Tratado Obsceno de Metafísica, Antropología y Teología


Carta al Director de El País Sem-anal:

Sexo tántrico gay

Mi marido y yo hemos intentado matricularnos en algún curso de sexo tántrico. No es fácil, porque la premisa de que existe lo masculino y lo femenino nos ha vetado el acceso. ¿Cuándo vamos a eliminar la dichosa polaridad? ¿Tiene que ser el sexo místico y sagrado? ¿Tenemos que honrar nuestra sexualidad? ¿Es poco honrado dedicar media hora, o 10 minutos, a buscar un orgasmo? Nada hay más placentero para mí que conectar con mi excitación. La pareja tiene muchos puntos de encuentro: la cama es sólo uno más, y no creo que tenga que estar envuelto en olas de religiosidad.” Enrique E. (Estocolmo).

Llevo 20 lecturas y sigo sacando fruto del texto. No tiene desperdicio.

Felicitaciones al autor por su precisión y al medio que lo publicó. Pensaba en describir la acción t el texto como valientes, osados, temerarios incluso.

Pero no, noeseso.

Creo que la palabra que mejor lo podría describir es obsceno, en sus dos acepciones etimológicas: lo que va (ob) hacia la suciedad (caenum), sin pudor, ofendiendo a los sentidos, lo in-decente.

Y lo que, por su explicitud, se sale de la escena: la escena en la que los persona-jes actúan, las personas tienen un argumento, tienen una ley y un sentido. Lo ob-scenus es, por el contrario, lo que no responde a ningún sentido, lo que no actúa ni tiene argumento, lo que no tiene persona a quien encarnar: la simple y cruda ausencia de ser. Nada hay más obsceno, más carente de pudor que la propia Nada.

Así pues, sirve este texto para iniciar el primer Tratado Obsceno de Metafísica, Antropología y Teología (TOMATe).

Frente a esto, primer texto para el Tratado Pudoroso (tomado de Olivier Clement):

“(…) Por eso, de una manera más general, el pudor es indispensable. Afirmarse como una presencia personal es manifestarse como rostro, y no como sexo. Los sexos fascinan por su identidad misma o, más bien -en la polarización del eros- por la masiva alteridad en que se hunden las diferencias personales. El pudor no abole el misterio de los sexos, el cual aflora en el propio rostro y en la nobleza del cuerpo modelado y expresado por el vestido. Sin embargo, se establece una jerarquía en la cual predominan las fronteras más personalizadas del ser, el rostro y las manos, si bien la justa correspondencia del cuerpo y del vestido puede también revelar, a través o contra las modas, una espontaneidad personal.

El pudor se extiende a todas nuestras relaciones con el mundo infrahumano y se liga estrechamente con la periódica disciplina del ayuno, que interrumpe la relación de violencia y asesinato, entre nosotros y el mundo. Pudor y ayuno facilitan la compasión, el respeto, la veneración, condiciones estas sin las cuales el alma se haría opaca“.

Las comparaciones son, en este caso, preciosas.

Con Dios.

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