España – Primer productor mundial de una especia de origen bíblico


Caín e Israel tienen cierta relación histórica, que no pretendo analizar aquí.

El cainismo (que ya aparece en wikipedia…) existe en muchos lugares.

Anécdota (narración breve de un suceso curioso):

Ayer, viendo las imágenes de Netanyahu (Primer Ministro israelí) saliendo de una reunión en la Casa Blanca con Obama -para discutir todo eso de los asentamientos y la cortina de humo que se está montando allí, cortina que no detiene el llamado entrenamiento para el “hot refueling” de los cazas- me llamó la atención un detalle, que inspira o motiva este post.

Adjunto la imagen:

Netanyahu, seguido por Ehud Barak, abandona la reunión con Obama en la Casa Blanca

Hay alguien que aparece en la foto junto a Netanyahu.

Se trata de Ehud Barak.

Hoy, Barak es Ministro de Defensa del Gobierno de Netanyahu. Hasta ahí todo en orden. Es como si en la foto aparece el señor Zapatero seguido de la señora Chacón (no estoy tratando de ridiculizar, lo prometo).

Lo más sorprendente es que este señor Barak fue Primer Ministro de Israel hace años, entre 1999 y 2001. Hace 9 años. Ayer, vamos.

¿Seríamos capaces de imaginar a Felipe González de Ministro de Defensa de Zapatero? ¿O a Aznar de Ministro de Defensa de un futuro P-Presidente del Gobierno, si es que Rajoy llegara a serlo? Es difícil. Porque aquí los ex-Presidentes tienen tan prohibido el poder como los ex-alcohólicos el ron. Acabamos de ellos tan hartos que tienen que irse lejos para que el odio no les rompa los oídos. ¿Será grave, doctor?

Pero aún podemos añadir un grado más de dificultad (para notable): resulta que el señor Netanyahu ya fue Primer Ministro de Israel entre 1996 y 1999. Es decir, ¡fue predecesor de Barak! ¡Ya fue Primer Ministro una vez! ¡Y ahora forma gobierno con el que le sucedió como Primer Ministro!

Imagino que el grado de estupor en el que estamos es elevado.

Y llega la traca final (para sobresaliente): resulta que el señor Barak, hoy Ministro de Defensa y hace años Primer Ministro, es líder del Partido Laborista. No hay problema aparente.

Hasta que descubrimos que el señor Netanyahu, hoy jefe de Barak en el Gobierno, es del partido conservador Likud. Laborista uno, conservador otro… Impresionante. Hay que buscar una comparación para tratar de digerirlo. Lo “hispanizamos” pues.

Es decir, que lo que ha pasado en Israel podría compararse a la siguiente serie en España (lo que sigue es ficción y no está basada en hecho reales):

1.- Gobierna Felipe.

2.- Le sucede Aznar.

3.- Gobierna otro -prefiero no dar nombres, ni siquiera ficticios. Olvidemos el punto 3.

4.- Vuelve a gobernar Felipe, con Aznar como Ministro de Defensa.

¿Sería esto posible en España? No.

Probablemente importamos tantas toneladas de cainismo que diluimos cualquier poso de cultura política que hubiera en la Península. Ni en diez siglos más de prospecciones petreo-cultas buscando la esencia de la política encontraríamos algún vestigio de esa cultura política. Si acaso, algún chapapote de Demokrazia, manchurrones al estilo “abstracto”, tan cotizado.

Pero Allí sí parecen saber qué es esto de la política.

Recomendaría, como actitud, mirar lo de Allí con cierta prudencia.

Porque lo mismo desde Aquí resulta que no entendemos casi nada de lo de Allí. Lo mismo resulta que, aunque tengan pinta de beduinos, con tanta arena y desierto -hay que pisarlo efectivamente: no tienen problemas de sequía, dato curioso- están bastante avanzados en temas politicos.

Hace, pues, falta cierto nivel político para entender lo de Allí. En dos tardes es difícil de aprender.

¿Entienden, por contra, los de Allí lo que nos pasa Aquí?

Probablemente bastante bien. Hace unos cuantos milenios dejaron reflejado lo de Caín en su libro sagrado, y lo exportaron, sin dejar existencias en el almacen. Liquidaron el stock de Cainismo para dar comienzo a una nueva temporada.

España importó todas las existencias de Cainismo y lo guarda en cada casa, en cada armario o alacena. En cada palabra. En cada gesto. En cada votación. En cada esquina, en cada chiste.

Somos una potencia mundial en cainismo.

Tanto tenemos que sostiene el PIBB (Producto Interior Bastante Bruto) sin mostrar debilidad ante la crisis. Un poco antiguo, un poco carca -no en vano tiene miles de años- pero aquí seguimos viviéndolo con gracejo.

Como el azafrán que ahora llena nuestros campos, podemos considerarlo una especia de Oriente occidentalizada.

Probablemente el tema de la sequia también tiene que ver con esta especia tan especial que importamos en su día. Quizás, quizás, quizás.

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