Individuos de-construidos


Vivimos en la estética de la de-construcción. Es decir, posmodernamente nos encanta eso de que, en la tortilla de la vida, clara y yema vayan cada una por su lado.

Y es cierto, tiene su encanto. Probablemente porque quizá es lo fácil, lo “natural”.

Ha sido el viaje a México un ejemplo estético de esto. Y me inspiro hoy en la pretenciosa peliculita de Coixet “Mapa de los sonidos de Tokio”. Una película deconstruida sobre personajes deconstruidos, historias deconstruidas…

Probablemente esto de la deconstrucción no es más que una “destrucción light”, un no ponerse en faena para construir algo coherente. Es lo que hacen los niños pequeños cuando les das un montón de piezas de un puzzle. Al principio tratán de engarzarlas pero si la labor no es fructífera al instante, las ponen todas juntas y se dedican a otro asunto.

Esa es la metodología de la deconstrucción: pereza disfrazada de estilo.

Mucho más lograda y trabajada, menos “deconstruida”, “Lost in traslation” habla del asunto a fondo.

Mi viaje a México fue un Lost in translation. La misma sensación de desarraigo, los mismos tiempos interminables en un hotel mirando a ningún sitio, el aturdimiento. Siete vuelos en tres días, las bajadas abruptas a tierra, las turbulencias, pasajeros diferentes o todos iguales…

Como si Alguien me estuviera siguiendo, surge un momento mágico, de los inolvidables, siempre ahí arriba. A la salida del sol, con las primeras luces de un nuevo día tras el último de una vida, sobre el gran monstruo del Distrito Federal. Luces como de resurrección tras una pasión, quizá inútil.

La luz se cuela entre el amasijo de nubes que siempre hacen tumultuosa la llegada a esta ciudad. Siempre te recuerdan que ellas envuelven todo y cierran la salida, allá arriba. Tú abajo, entre los millones, individuo más, numerador sobre inmenso denominador. Y, a veces, es ese el último momento antes del desplome de la aeronave por azares del destino. Una nube mal dada, un viento cruzado…

Adjunto las fotos, que reflejan bien la neblina de la nada sobre el tráfago de la cotidianeidad. Lo interesante es ver cómo la Luz hace su trabajo:

Este momento de descenso a la oscuridad tras la noche oscura vino aderezado -nueva coincidencia- por la lectura de Olivier Clement.

Copio el link:

http://books.google.es/books?id=Sh58AyBxdvcC&pg=PA210&lpg=PA210&dq=%22la+tercera+belleza%22&source=bl&ots=HgF–yOcZY&sig=yVoZ7OuBLgWbf3Mxg-9_C4wEca8&hl=es&ei=vSzKS5HbOoaOnQOAy4TNBA&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=1&ved=0CAYQ6AEwAA#v=onepage&q=%22la%20tercera%20belleza%22&f=false

Y como omite un par de páginas (las más releventes) entresaco un texto de ellas: “(…) El hombre pasa a los objetos, un objeto pasa al otro, los niveles se mezclan. El límite entre el yo y el no-yo desaparece, a menudo por la mediación de las máquinas y del decorado de la inmensa sociedad (…) El hombre, que pierde a la vez su opacidad y su estabilidad, se disuelve, de manera que futuristas y surrealistas, incluso cuando se proclaman materialistas, no lo son en el sentido antiguo de la palabra: el hombre desaparece, pero también la materia en su propio lirismo. “El hombre, decía Marinetti, ya no ofrece el más mínimo interés… Tenemos que reemplazarlo por la materia, cuya esencia debemos comprender intuitivamente. Hay que reemplazar la psicología del hombre, que está agotada, por una alucinación lírica de la materia”. Esto es la deconstrucción.

“Lo que choca de una manera general en el arte contemporáneo es el rechazo del rostro y una verdadera imposibilidad de representación del rostro humano incluso en aquellos que transforman su descenso a los infiernos en conciencia de la resurrección: estoy pensando en las Santas Faces de Manessier, esos inmensos brotes de noche que nunca pueden abrirse.

http://uat.moma.org/collection/browse_results.php?criteria=O%3AAD%3AE%3A3720&page_number=1&template_id=6&sort_order=1&artistFilterInitial=E

En literatura, la evolución es análoga; allí las palabras se separan del Verbo y se arremolinan a la manera de hojas secas en el invierno cósmico (para regocijo de los filósofos del lenguaje, que tapizan con esas hojas secas la antecámara del ser, pero que sigue siendo sólo la antecámara). (…)

Una habitación y los objetos que contiene se convierten para el protagonista en símbolos de acontecimientos interiores, como en ciertos happenings. Su conciencia se separa de su cuerpo, se une a la bombilla, que se enciende sobre su mesa, y la bombilla se convierte en el sol de la conciencia (…)”

Sigue descendiendo el avión, como hoja seca.

“Estos procesos de descristalización no hacen sino expresar, en el orden de la belleza, una descristalización global, un apocalipsis de la historia que arruina las antiguas moradas del ser. (…)”.

“Un cristiano debería buscar aquí, no ya una vuelta a las antiguas formas de la belleza, sino un radicalismo más grande todavía, una audacia creadora que condujese más allá de los límites de este mundo, pero no hacia abajo, sino hacia arriba. Apocalipsis siginifica revelación. La crisis de la belleza, según la perspectiva que acabamos de evocar, es quizá también una tentativa de ir más allá del mundo degenerado, para alcanzar una carne diferente, una corporeidad espiritual que supere las leyes de la exterioridad, de la no-identidad mutua; para alcanzar, al término de esta búsqueda negativaque durante mucho tiempo ha sido disgregadora, la revelación del reino de las esencias en torno al rostro humano deificado.”

Todo encajaba a la perfección, la situación exterior, la histórica, el pensamiento…

Regresé a Guadalajara dejando a Luis muy unido a Vane. Ellos van. Yo vengo.

Las dos horas que pasé jugando con mi hija en un jardín y el Magnificat en el bolsillo permanentemente anegaron de dicha y esperanza la laguna seca del viaje.

Regreso con escalas, tormentas, nube de magma -volcán islandés que se toma la revancha de la quiebra financiera de hace meses- dejando el Atlántico vacío de aviones, sólo el nuestro, en la noche, cruzando hacia allá o hacia acá, como Saint Exupery.

Compañera de extraño vuelo, Teresa, fotógrafa, regresaba de ver morir a su amiga, en Cancún. Los dos, en realidad, fuimos a eso: a ver morir. Nicodemo estuvo en las lecturas de la semana.Y un maravilloso texto de Edith Stein que comentaré.

Le enseñé las fotos adjuntas, en la pequeña pantalla de la blackberry. Me dijo que eran buenas. Nos contamos las historias respectivas, deconstruidos ambos.

Se durmió a mi lado. Y yo al suyo. Amanecimos tratando de aterrizar en Madrid. Desubicados. Como Dios manda.

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