La triple declaración de amor


Tomado del blog de María Lourdes Quinn, a quien escribí para darle gracias. Clarifica un pasaje que para mi siempre fue oscuro. Probablemente ahora, con la disposición adecuada, encontré la apertura para recibirlo.

http://infocatolica.com/blog/sarmientos.php/1004220930-superando-los-fracasos-del-am

Superando los fracasos del amor humano

por María Lourdes Quinn

El Evangelio del III Domingo de Pascua muestra un encuentro inolvidable entre el amor humano de S. Pedro que: “se echó al agua” (Jn. 21, 7) para acercarse al Señor (a quien había negado tres veces durante Su Pasión) y el Amor Divino de Jesucristo esperándole en la playa con el desayuno preparado a pesar de esa triple negación.

No es difícil ver en la muestra tan sincera como impetuosa de amor de S. Pedro por el Señor el verdadero drama del amor humano imperfecto que desea amar, aunque no acierte siempre en la mejor forma de hacerlo. Y así S. Pedro dice que daría su vida por el Señor, pero le abandona en Getsemaní; le sigue hasta la casa de Caifás, pero le niega tres veces; lejos de Jerusalén le confiesa como “Cristo, el hijo de Dios vivo” (Mt. 16, 16), pero no se acerca a Cristo crucificado ni acude al sepulcro del Señor hasta que Sta. María Magdalena le anuncia que la tumba está vacía.

Lloramos con S. Pedro cuando nos damos cuenta de cómo desilusionamos a los que más amamos: prometiendo cambios sólo para encontrar motivos para no llevarlos a cabo; amando una idea de otros sin darnos cuenta de que no se ajusta a la realidad que se desarrolla ante nuestros ojos; expresando mil muestras de cariño a distancia sin molestarnos en buscar ninguna oportunidad para vernos o hablarnos en persona hasta que parece ser demasiado tarde.

Y porque en el fondo sí amamos a los parientes y amigos a quienes más hayamos herido, seguimos echándonos al agua una y otra vez en pos de ellos, chapuceando en lagos de amor en busca de otra oportunidad para demostrar que este amor humano tan débil es al menos sincero, arriesgando el ridículo ante los que no comprenden este deseo de amar.

La Iglesia Católica es experta en echarse al agua por el Señor una y otra vez (y las que hiciera falta) sin miedo a lo que otros pudieran pensar. No tiene mayor Amor que Dios mismo hecho Hombre por nosotros y no tiene mayor preocupación que demostrarle al Señor todo su amor a pesar de los fracasos de sus miembros.

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Una catequesis del Papa Benedicto XVI (recomendada por el lector Miserere mei Domine) explica cómo Jesús le pregunta tres veces a S. Pedro si le ama.

“En griego, el verbo filéo expresa el amor de amistad, tierno pero no total, mientras que el verbo “agapáo” significa el amor sin reservas, total e incondicional.

La primera vez, Jesús pregunta a Pedro: “Simón…, ¿me amas” (agapâs-me) con este amor total e incondicional? (cf. Jn 21, 15). Antes de la experiencia de la traición, el Apóstol ciertamente habría dicho: “Te amo (agapô-se) incondicionalmente”. Ahora que ha experimentado la amarga tristeza de la infidelidad, el drama de su propia debilidad, dice con humildad: “Señor, te quiero (filô-se)”, es decir, “te amo con mi pobre amor humano”. Cristo insiste: “Simón, ¿me amas con este amor total que yo quiero?”. Y Pedro repite la respuesta de su humilde amor humano: “Kyrie, filô-se“, “Señor, te quiero como sé querer”. La tercera vez, Jesús sólo dice a Simón: “Fileîs-me?“, “¿me quieres?”. Simón comprende que a Jesús le basta su amor pobre, el único del que es capaz, y sin embargo se entristece porque el Señor se lo ha tenido que decir de ese modo. Por eso le responde: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero (filô-se)”.

Parecería que Jesús se ha adaptado a Pedro, en vez de que Pedro se adaptara a Jesús.

Precisamente esta adaptación divina da esperanza al discípulo que ha experimentado el sufrimiento de la infidelidad. De aquí nace la confianza, que lo hace capaz de seguirlo hasta el final: “Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: “Sígueme”” (Jn 21, 19).

Desde aquel día, Pedro “siguió” al Maestro con la conciencia clara de su propia fragilidad; pero esta conciencia no lo desalentó, pues sabía que podía contar con la presencia del Resucitado a su lado.»(Audiencia General, 24 de mayo, 2006)

[Ver también “La triple declaración de amor” en el blog “Háblales de Jesús” (recomendado por la lectora Cristina Moreno)]

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