Ser padre de una hija


Imprime carácter. Y cambia la forma en la que tratas con la mitad del mundo. Al menos en mi experiencia.

Genera un eco en tu cabeza, de tal modo que al mirar a cualquier mujer, a una señora mayor, a una niña, a cualquiera, piensas que ella tiene o tuvo un padre, también, como tú “tienes” una hija. Un padre que la quiere por encima de cualquier otro afecto o que, si ya murió, la quiso y la sigue queriendo de otra forma.

Entonces miras a ese padre a los ojos y notas que él te está mirando y te está diciendo con la mirada:

“Espero que mires a mi hija como tú querrías que miraran a la tuya: con respeto, con limpieza, como si yo ahora mismo estuviera delante de ti. Espero que recuerdes que, igual que tú hiciste con tu pequeña, yo también me la puse al hombro para dormirla muchas noches, cuando apenas pesaba. Fíjate ahora, que es toda una mujer. Yo también le tuve que ayudar cuando la chiquita tenía cólicos en la noche. Mira ahora, que se vale por sí misma y tiene un equipo de gente a su cargo, quizá tú entre ellos. Mejor aún, quizá eres tú su jefe ahora. Yo también tuve que agarrarle las manos para que diera sus primeros pasos, esos pasos titubeantes que ahora son pasos decididos que marcan una gran diferencia entre su sonido y el tuyo y que, quizá, te atraen. Yo también le tuve que vestir de pequeña cuando no sabía hacerlo. Ahora quizá tú, amándola, ves como se desviste delante de ti. O le miras su cuerpo con deseo. Yo también le enseñé a escribir con sus deditos cuando tú ahora puedes leer las cartas que te envía. Mírala, pero hazlo plenamente consciente de su persona, de su historia y su realidad. No la limites, no la cercenes, no la reduzcas a pura imagen ante tus ojos. Porque es aunque tú no la veas. Vive aunque no la escuches. Consiste aunque ni siquiera ocupe un lugar en tu pensamiento. Está ahora en tu vida, pero lleva años en la mía y en la de su familia, su madre, sus hermanos y hermanas. Ten esto en cuenta cuando trates con mi hija”.

Cuando eres padre de una niña te sientes depositario de una vida que no te pertenece y que debes cuidar y “dar a luz” para que sea. Para que sea plenamente y quizá que alguien, otro, amándola como esposo, decida con ella engendrar nueva vida para hacer lo mismo que en su día intentaste hacer tú. Ayudándola a ser plenamente una persona capaz de amar y ser amada. Alguien que se irá de tu lado para crear su hogar, su lugar, su familia. Destinada a ser feliz. Con el equipaje más o menos necesario que tú le sugieras llevar en la vida.

Y sientes camaradería y comprensión hacia los demás padres, que se te muestran continuamente en sus hijas, con las que, sin darte cuenta, llevas tratando toda la vida. La señora de la mañana, la del supermercado, tu madre, la del autobús, la profesora de tu hija, una clienta, una compañera de trabajo, una alumna…

Cuando eres padre de una niña sientes que el tiempo pasa y que cada minuto tu misión va llegando a su final, como un relevo de la carrera que ha de ser entregado primorosamente. De ahí quizá la belleza y el profundo sentido de la ceremonia de la pedida de mano, en la que un varón enamorado le pide a un padre que amó mucho la mano de su hija, para amarla como esposo.

He de decir que algo de eso yo viví y que sólo al tener una hija adviertes quizá la importancia de lo que supuso el casarte con la que es su madre. Espero que el padre de la madre de mi hija esté al menos tranquilo con lo que estoy haciendo. Muchas veces me dirijo a él pidiéndole que me ayude a no desmerecer lo que él tan bien y con tanto esfuerzo hizo.

Pequeños detalles gloriosos de la vida cotidiana en un hombre común.

Y Dios en todos ellos.

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2 respuestas a Ser padre de una hija

  1. Miquel dijo:

    Esoes, debe ser muy bonito!muy bueno y sentido el post (y la cena también). Con tu permiso, te meto en mis links de mi difunto blog (aunque allí sigue el cadáver). Un abrazo

  2. sapomen dijo:

    Y yo diría, si no has tenido hermanas, ser padre imprime carácter, si las has tenido, ser padre graba a fuego ese carácter, yo tuve esa sensación que tú describes, en el momento en que en mi adolescencia tuve la certeza de que las chicas con las que trataba podrían tener hermanos como yo, que las querían, las respetaban y que estarían dispuestos a cualquier cosa por su felicidad. No tuve hermanos y por ahora solo he tenido hijas, no sé si ese sentimiento hubiera sido igual con hermanos o hijos supongo que no. En cualquier caso me alegra mucho comprobar que cuando los dos miramos a una mujer nos estamos viendo uno al otro, y espero que a muchos padres y hermanos más.

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