Segunda estampa complutense – ¿Dios o fotocopias?


Como mañana viajo de nuevo a México y estaré liado con la nube volcánica allá arriba, dejo un nuevo post.

Una zarabanda esta vez.

Aquí la Unión de Estudiantes Progresistas (lo cual identifican con “de izquierdas”) hace una reivindicación y cuelga un gran cartel en la entrada de la Facultad de Derecho.

Al nivel cultural en que nos movemos me surge preocupación ya en la terminología. No sé si debiéramos cambiar Derecho por Justicia o Leyes, porque llamar “derecho” a lo que se estudia en esta facultad debiera constituir conducta denunciable. Es tendencioso asociar lo justo con lo “derecho”. Subliminalmente se está dando a entender que lo injusto podría ser lo contrario de lo derecho, es decir, lo izquierdo.

Pues bien, al entrar de la Facultad de Izquierdo me sobrevuela el cartelón. Foto va (afortunadamente, desde que se inventó el teléfono con cámara -obra de un progresista, seguro- ricos y pobres podemos hacerle fotos a lo que sea, incluso a esto):

El caso es grave.

Hablo desde la ignorancia y el desconocimiento de la economía interna de la Facultad -que el caso es que está mugrienta, vieja y asquerosa: el Plan “E” no llega aquí. Los síntomas de descomposición en las canalizaciones son patentes.

Busco información en la web de la UEP (http://www.ucm.es/info/uepei/) y tanta letra en rojo me destroza las pupilas -mis ojos son un desastre, material averiado.

Interesan secciones como:

http://www.ucm.es/info/uepei/reivindicaciones.html

o el curioso foro

http://boards1.melodysoft.com/app?ID=derechoylibertad

Efectivamente en esta Facultad hay una capilla, bien mantenida. Imagino que tiene unos gastos de mantenimiento. Probablemente fijos y reducidos, porque Dios, lo que es gastar, gasta poco en el día a día.

No consume en la cafeteria -aunque esté ahí sentado-, no hace fotocopias de todos los apuntes de las clases que se pierde -porque asiste a todas- y no fotocopia los libros -porque los ha leído ya todos y, encima, es delito y Dios no delinque.

Imagino que gasta luz, para que los que entran a la capilla no se rompan la pierna y se tengan que ausentar de la Universidad y fotocopiar apuntes y reclamar la consiguiente incapacidad por accidente laboral.

Algo de pan y vino (no muy caro, porque el de la comunión es francamente malo de solemnidad: así no me extraña que se comulgue poco) y limpiasuelos (para que aquello no se convierta en una pocilga, vamos, como imagino que se intenta en el resto de la Facultad: no muy limpia, por cierto). Salarios, que digo yo que no supondrán mucho efecto sobre la grandota Facultad, cuya capilla es una esquina.

Claro, comparar el presupuesto de la capilla con la limitación a la impresión de páginas en el aula de informática (bajo la premisa valorativa de que hay que laicizar la Facultad de Izquierdo y centrarse más en las fotocopias -infraestructura- que en la capilla -superestructura) es, aparte de una cosmovisión traída por los pelos, y aparte de una pena estética -imagino la capilla llena de fotocopiadoras gratis total y millones de folios por el suelo, con el asunto ecologista progresista algo en entredicho- un no entender un principio básico de la economía.

No se puede ser marxista-progresista-de izquierdas sin entender el principio básico de la economía: “de lo que no cuesta te atiestas”. Reconozco que es facultad de izquierdo y no de economía, pero una lectura básica de los libros capitalistas, aunque sólo sea para contradecirlos, es conveniente.

Te atiborras de lo que recibes gratis total, macho. Por definición. Siempre que no sea una mierda -y hay gustos para todo- lo que te regalan lo esquilmas.

Pero hay formas y formas de esquilmar. Unas sólo suponen un gasto fijo -por mucho que esquilmes- y otras, con cada acto de consumo que realizas, suponen un gasto directamente proporcional a lo que consumes: gasto variable se llama.

Es falaz comparar el presupuesto de la capilla con el destinado a folios: en ambas partidas seguro que la Facultad de Izquierdo va a tope. La gente imprime tantas hojas como le dejan, y consume tanto Dios como le dejan. Lo que pasa es que el consumo de Dios en la Facultad tiene un coste fijo adherido, mientras que el de folios es variable. El primero no se nota: seguro que hay gente poniéndose ciega de Dios, y nadie lo nota. A todas horas, todos los días, montones de veces al día. Con los folios es otro cantar.

Como de ambos bienes tendemos a consumir infinitamente si nos dejan -no hago juicio estético sobre cada tipo de consumo, allá cada cual con su “opción”- aquel bien cuyo coste depende de las unidades consumidas se hace infinitamente gravoso e insostenible. Bienes comparables a los folios serían los viajes en autobús: si no se pone límite, la gente abusaría y colapsaría el servicio de autobuses. O los billetes de avión: si no se pone límite, abusamos y estamos toda la vida de viajecitos. Las líneas aéreas cerrarían, porque lo de dar asientos gratis no hay quien lo sostenga.

Bienes comparables a Dios sería el aire que respiramos -de momento. Todos nos beneficiamos de respirar tantas veces como queramos -de momento. O la presencia de horizonte en frente de nosotros: podemos mirar libremente de frente y nadie nos cuenta el número de miradas que echamos o los metros que recorre nuestra vista en el horizonte. ¿Se imagina usted que a alguien le paran por la calle y le dicen: “deje usted de mirar tanto, que nos está arruinando con tanto mirar”?

Si usted quiere quitarle el presupuesto a la limpieza de la capilla y aplicarlo a folios, adelante, pero el problema no se resuelve: tendrá la capilla hecha un asco -siempre habrá consumidores que sigan yendo, viciosamente y sin medida, pues no les cobran por orar- y se seguirán gastando todos los folios de la facultad. La partida presupuestaria seguirá creciendo. Los folios es el problema y la obsesión de todo lugar público: hospitales, ministerios…

Los folios son la vida. Como todo presupuesto público, siempre está para gastarlo al 100%, porque si no lo gastas te lo reducen el año siguiente (principio de hacienda pública: de lo que es de todos, te atiestas hasta que no quede nada). Ahora ya incluso te reducen hasta el sueldo de funcionario: después de esto, todo está ya permitido.

Parte el planteamiento disyuntivo capilla-folios de una visión “suma cero” y de comparar bienes no homogéneos: churras con merinas. Presupuesto limitado: pues quito de aquí para poner acá. Error.

Ni siquiera la demolición de la capilla hará que todo el mundo tenga tantos folios como quiera. Siempre faltarán folios, pues la falta de folios es tan antigua como la existencia de Dios: ya en el Génesis había hojas de por medio. Hay que tener fe en la solución del asunto, hombre, y aplicar cierta ciencia, que es la que siempre nos da las soluciones.

Dios no tiene que ver en lo de los folios y si hay que clausurar la capilla aprovechando la escasez de folios, se clausura y punto. Dios se puede alojar en cualquier lado, para qué nos vamos a engañar. Dios, como espíritu que es, no ocupa lugar y está de vuelta de estas cosas y si se le desaloja pues se va a otra parte y listo.

Pero es que no hay relación de causa efecto entre el desaolojo de Dios de la capilla, la demolición de la capilla y el incremento de folios. Dios no nos quita los folios. Demostremoslo.

Eliminada la capilla, nos centramos en los folios. Pero el tema de los folios es como la sanidad pública: sólo hay oferta. Ofreces un tratamiento y la gente llena la consulta. Abres un ambulatorio y la gente lo llena. Pones 5 veces los folios que ponías, y no sobra ni uno. La gente imprime todo (fotos, porno, chistes, emails, juegos, novelas), se lleva los folios a casa, hace proyectiles con ellos, aviones, barcos, calza la mesa, limpia los cristales, etc.

Doblamos el volumen de folios y siguen faltando. Entre otras cosas porque hemos llenado la capilla de ordenadores y fotocopiadoras, por lo que requerimos cantidades industriales de folios. Y la imaginación humana ha dado al folio aplicaciones múltiples.

La Facultad de Izquierdo acomete un consumo exponencial y enloquecido de folios, tendente al infinito, y va eliminando cualquier otro centro de costes que detraiga recursos a los folios.

Tras la capilla, el siguiente lugar inútil será la biblioteca: se puede digitalizar todo y convertir todos los libros en papel blanco utilizable para imprimir. Hemos logrado incluso ahorrar un poco.

Demanda infinita: necesitamos más folios. La cafetería no se toca -ahí el estudiante invierte su dinero, no lo gasta. Lugar de reunión, celebración y asociación. De aquí salen las grandes ideas para tratar problemas como este de los folios.

Aulas: fuera, inútiles. Conectado a la pantalla del ordenador-impresor no se necesita ir a clase. Todo se puede imprimir, incluso el profesor: los apuntes de hace años sirven y los exámenes los corregirá una máquina lectora-impresora.

Pasillos: no tocar: básicos para el encuentro y el saludo.

Jardín: no tocar. Básico para la charla, cerveza, fumeque, porrete (progresando).

Años después, con una universidad por fin laica -sin capilla ni referencias a aquel usurpador de folios que hubo que eliminar-, de calidad -con millones de folios en blanco disponibles por alumno-ordenador-impresora- y pública -es decir, destinada a engullir todo lo que pille por delante-, como defendía la Unión, ahora en el gobierno, el problema de los folios parece sin solución aparente. No hay folios suficientes para atender la infinita demanda.

Entonces alguien, un individuo, el encargado de la recicladora de papel y folios impresos en blanco, recoge una hoja de un libro antiguo destinada a convertirse en folio blanco, y la mira absorto (no la lee porque no sabe: ya sólo se imprimen hojas en blanco, para evitar el problema también infinito de la tinta y los toners).

En la hoja, sin que este buen hombre-individuo lo sepa, estaba la solución original al futuro problema de los folios, que ya alguien previó. En dicha hoja se planteaba el final del esquema suma cero y la posibilidad de convivencia pacífica de la capilla con los folios. La solución había quedado escrita hace milenios y el libro, el último sobreviviente a la marea pública, laica y de calidad, destinado ahora al reciclaje, la recogía en su comienzo, en esta primera hoja, la única hoja escrita que queda en la Nueva Universidad.

Decía así: “

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