Civilizaciones “elefante”


Vuelo tranquilo a México, sin forzar la máquina.

Algo de lectura: la maravillosa “Historia mínima de México”. ¡Cuánto ignoramos la historia de los pueblos! ¡Con qué facilidad nos hemos creado en nuestra cabeza una weltanschauung de pacotilla, llena de simplificaciones, lugares comunes y prejuicios. Comienzo los libros de historia, casi siempre, como hace tiempo me sugirió un amigo: por el final. Me leo el período que va desde el asesinato de Obregón en 1928 hasta la actualidad. ¡Cuanto esfuerzo por desarrollar el país! ¡Cuántos lucharon por ofrecer una alternativa al “arreglo” político que impidió la democracia real durante décadas! Como mi paciencia es poca, aprecio estos libros tan sintéticos.

Y en línea con lo anterior, disfruto del reportaje de NatGeo sobre Machu Pichu. Mi ignorancia queda de manifiesto cuando van describiendo los hábiles sistemas para drenar el agua que utilizaban. El tallado de cada piedra, con la ausencia absoluta de la linea recta en toda la ciudad -en vez de forzar la natural curva que llena las formas de las piedras, aprovechan las curvaturas y tallan, “cantean”, piedras similares. El ingenioso sistema de transporte de los bloques de varias toneladas a lo alto de la montaña. El estudio de la astronomía y, en particular, del sol, con las adaptaciones de los templos a sus dinámicas… Desgraciadamente sólio al ver estos documentales caes en la cuenta de que otros, mucho antes, ya recorrieron ese camino que nosotros pretendemos recorrer como “innovadores”.

http://es.wikipedia.org/wiki/Machu_Picchu

¡Cómo menospreciamos todas estas culturas, por desconocimiento, en lugar de estudiarlas y vivirlas a fondo! ¡Cómo seguimos repitiendo el patrón del circense con las “civilizaciones elefante”!

Adjunto el link:

http://www.bing.com/videos/watch/video/national-geographic-ancient-megastructures-machu-picchu-clip1-mp4/748a66d3cc5a903ba5bc748a66d3cc5a903ba5bc-77413221117

Aterrizado en el cautivador Distrito Federal. hormiguero desde el cielo pero ciudad que, al caminarla o recorrerla, te hace sentir que cada esquina constituye el centro de la urbe, velada agradable con mis amigos mexicanos, arrachera incluida.

Madrugón al día siguiente: esto de viaje me abre el apetito madrugador. Carrera al trote a las 7,00 am, con las aceras aùn mojadas de esas tormentas nocturnas que el monstruo digiere con calma: al Parque España. Curiosamente la plataforma de hormigón que elijo para los estiramientos y abdominales es un monumento de los exiliados españoles a Lázaro Cárdenas. El parque se llena, a esas intempestivas horas, con mexicanos “bien” que pasean perros generalmente pequeños, demasiado pequeños. Ciudad del “Nuevo Mundo” que ahora està vieja, y que acogiò a muchos del “Viejo Mundo”, dàndoles los medios para desarrollar su labor.

Màs contrastes. El mexicano espera sin desesperar. La figura del mexicano en la acera, sentado o en cuclillas, me hiere, por su novedad. Ellos se sientan en el suelo, se pegan a la tierra y ahì esperan. Es una especie de comuniòn similar a la que en Avatar se muestra de modo tan obsceno, enchufando las protuberancias al suelo. Pues bien, el mexicano se pega al suelo y ahì transcurre el tiempo: con la familia, la comida, la tradiciòn… Un pueblo del que aprender los tiempos.

“Permiso”, “estamos para servirle”… Es difìcil comprender a un pueblo que en 2010 utiliza estas palabras. Proximidad en el trato, pues te lo dan todo en ese momento. Y cierta lejanía del que sabe que el tiempo vuela sobre la tierra y la tierra es lo que queda: es a lo que hay que pegarse, dejando que el tiempo vuele donde quiera.

Esa sabidurìa de vida nos solivianta a los “occidentales”. Esa aparente trascendencia o desasimiento nos saca de nuestras casillas, especialmente cuando se trata de asir, cuando se trata de estar a lo inmediato. El mexicano nos hace perder la paciencia en el negocio; nos puede desesperar ante una emergencia mèdica o ante la necesidad de tomar una medida polìtica dràstica.

Hay otros momentos, sin embargo, donde el mexicano brilla y muestra su autèntica sabidurìa, su ventaja competitiva, esa que en milenios no le pueden quitar. Paseando por un parque con la familia, no he conocido a nadie màs centrado en lo que hace; ante la muerte de un ser querido; lanzando un beso a un niño que le sorprende por la calle; cantando desde el último balcón de la iglesia en acción de gracias; preparando una fiesta de cumpleaños; visitando a la abuela; recibiendo a un viajero que acaba de cruzar el ocèano…

Es en todas estas ocasiones, y tras haber “muerto” un poco a mi manìa occidentalizante, cuando soy capaz de comparar y entender que quizà, lo de Primer, Segundo y Tercer Mundo es algo muy relativo…

Veo en la noche, casualidades de la vida, un documental de NatGeo sobre el hombre elefante. De nuevo la misma ternura, de nuevo las mismas reflexiones…

http://channel.nationalgeographic.com/episode/china-s-elephant-man-4210/Overview

Y una màs: mi amigo mexicano del alma afirma, tumbado en su sillòn, al ver el documental: como decìa Spinoza, perseveramos en el ser. Incluso ese pobre ser de ahì delante…

Y es su color, sus olores, sus contrastes… todos estos factores los que hacen de Mèxico un lugar de vaciamiento primero y conversion despuès. Es difìcil no quedar impactado, por muchos escudos que se traigan, cuando en la misa de recuerdo a una feligresa difunta el pàrroco glosa su vida. Los fieles se van abrazando. Una de ellas canta desde el fondo… Siempre, allà donde parece que està el espìritu, se siente que todo vivifica. Me acuerdo de Estambul…

Probablemente estàn hacièndose muchas càbalas para adivinar donde està el futuro de la economìa, si en los BRICS, los PIGS o China… Pero de pocas cosas estoy màs cierto que de esta: aquì se paladea la vida en cada instante. Y eso, digo yo, promete futuro.

Al salir de la iglesia, otra señal. Probablemente debiera verse un coche. Yo no acabè de verlo. Vi otra cosa. ¡Y vosotros?

De nuevo a Guadalajara, en una mañana oscura: volar en un taxi un sàbado a las 6,00 am por DF es una experiencia apocalìptica. Y al cielo:

Mañana y tarde con mi hija. Maravillosa. Con una alegrìa vital que contagia a todo el mundo. Allà donde va ilumina. Caminando con ella por la calle, la misma escena se repite mil veces: las mujeres que vienen de frente se fijan en ella. Y luego levantan la mirada para ver a su padre. Ahì està encerrado todo el sentido de la vida.

Què mejor signo que este de que uno està contribuyendo a la misiòn… Meses despuès, y cuando se agota de descubrirlo todo, se acomoda en mi regazo y se deja ir… La electricidad recorre mi espalda. Probablemente la uniòn ya se està fraguando. Juega a decir “papà” continuamente. Me nombra. Me crea. Ofrezco mis manos para lo que sean necesarias.

Duerme agotada y yo escucho el silencio a su lado. Orar, dijeron el otro dìa, es dejar de escuchar al yo y ver què se escucha entonces.

En Mèxico.

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