Google nunca podía haber nacido en España. No hay huevos.


Sí. Y estoy hasta los mismísimos de que no haya mismísimos. Hoy por motivos económicos, bueno, quizá son incluso morales.

El caso es que tengo un cliente que tiene una preciosa idea de negocio. Y esa idea de negocio ya es una realidad en Estados Unidos. Desde hace años. Allí su idea de negocio es la base del negocio de muchas empresas exitosas, que dan trabajo a mucha gente y mejoran, en un estrato muy concreto, la calidad de vida de mucha gente.

Pues bien, nos contrató para buscarle los socios que apostasen por el proyecto e invirtiesen el capital necesario. Y entre él y nosotros nos pusimos a elaborar el plan de negocio y calcular el capital necesario para lanzarlo.

Trabajamos durante unas semanas, centrándonos en las posibilidades del mercado español, y teníamos ya el plan casi preparado. Se nos ocurrió entonces echar un vistazo a lo que los americanos había hecho, para contrastar nuestras proyecciones, nuestro enfoque comercial.

El resultado fue primero ilusionante. Lo primero que destaca es que el americano cree en su proyecto y se ilusiona con él. Lo segundo, que como se lo cree, apuesta por él. Al máximo, buscando lo mejor, dotándose de lo mejor. No escatima en inversiones ni en gastos, porque sabe que su proyecto lo merece todo. Planea todo con seriedad y disciplinadamente se pone en funcionamiento. Esta ilusión, esta esperanza creativa hace que los otros, los que se dedican a apoyar proyectos, le apoyen también esperanzadamente. Todo ello genera un círculo virtuoso en el que todo el mundo gana y que, al final, redunda en el bien común y el bien del país.

Volviendo al mirada a nuestro plan de negocio, era patético. Donde las empresas americanas habían montado instalaciones de miles de metros nosotros habíamos previsto una oficina de 100 metros en un pequeño poligono a las afueras de Madrid. Donde ellos tenían al mejor proveedor del mundo de la materia prima necesaria, nosotros teníamos a uno local de Madrid. Donde ellos tenían un “monstruoso” equipo con decenas de especialistas en la materia, nosotros contábamos apenas con un puñado de ellos, algunos de los cuales ni siquiera se decidían a trabajar a tiempo completo en nuestro proyecto y mantenían, por si acaso, sus puestos en la Administración. Donde los americanos tenían equipos legales amplios nosotros teníamos un abogado externo ni siquiera especialista en la materia.

Finalmente, donde los americanos habían levantado 24 millones de euros en dos tramos, nosotros buscábamos… sólo 2.

Sin embargo, nuestras aspiraciones, nuestras proyecciones, buscaban cifras similares a las de los americanos. Un posicionamiento en nuestro mercado tan potente como el de ellos en el suyo.

Surgió la angustia, ¿Por qué siempre pensamos aquí en términos de recursos? ¿Por qué siempre es el presupuesto el que nos determina? ¿Por qué esa limitación al horizonte? ¿De dónde ese pobrismo, ese pensar siempre en pequeño y en doméstico? ¿Viene acaso del pequeño tamaño del continente europeo y de nuestra perenne necesidad de contar con recursos escasos y poner cuidado en no tomar nada del vecino de al lado?

¿No es acaso wishful thinking pretender querer llegar adonde están ellos, invirtiendo mucho menos y arriesgando mucho menos? ¿Es que acaso somos más listos o más eficientes? ¿Es que ellos matan moscas a cañonazos? 24 millones de euros. ¿Cómo, siendo disciplinado, no se va a sacar adelante una idea con esos recursos?

¿Y quien invierte 24 millones en una idea? Allí lo hace mucha gente, muchos de los que tienen ese capital. Tras una presentación profesional de un chaval de 23 años –que lleva trabajando diez en diferentes menesteres-, viendo que la idea está trabajada y que el equipo es maduro y que está implicado hasta las trancas, allí los inversores te firman un ticket.

En España es imposible encontrar inversores de este tipo. Nunca invierten tanto dinero, porque no se atreven a arriesgarlo. Las grandes inversiones van a infraestructuras, empresas estatales o empresas muy maduras. Pero en España no hay fondos de 2000 millones de euros para startups. Aquí se supone que una startup es una mierda hasta que no demuestre lo contrario, y a una mierda se le destina un dinero mediocre, una limosna. Se cuenta con los dedos de una mano los proyectos incipientes que han captado montos de inversión elevados. Aquí el monto de inversión no lo determina la genialidad del proyecto y sus posibilidades, sino el tiempo que lleva existiendo sin morirse, aquí vamos poco a poco regando la planta y trasplantándola a tiestos más grandes mientras que en Estados Unidos a la planta se le da e l mejor suelo y tanta agua como necesite desde el primer momento.

El proceso inversor en España es arisco: te miran los inversores con desconfianza, racaneando inversión para correr menos riesgos contigo. Quieren garantías por el dinero que te ponen y te meten en pactos de accionistas leoninos para asegurarse de que, si el proyecto fracasa, al menos ellos pueden recuperar su inversión acreciendo participación en el momento de la liquidación. No creen en ti y aborrecen el riesgo al que les sometes, pero, funcionarios del dinero, tienen que invertir algo.

Lo mismo aplica para los fondos públicos, por supuesto.

Y lo mismo aplica en el ámbito latino. Observo con preocupación cómo en los países latinos nadie confía en la palabra de nadie, nadie invierte, si acaso, más que en su propio negocio. No hay fondos para startups, el capital riesgo no está desarrollado y lo único que mueve las inversiones es, como en España, las relaciones personales y el padrinazgo.

Son estos decepcionantes factores los que hacen que el sector inversor esté a años luz de Estados Unidos, los emprendedores y su cultura no tengan competencia con lo de allí y las empresas que salen del proceso son enanitos con pocas posibilidades de ser disruptivas, no a nivel mundial, sino ni siquiera en su propio país.

Mentalidad pobrista la nuestra, nos auto limitamos y cercenamos nuestro futuro a base de pensar de modo limitante. Nosotros mismos ya nos enanizamos con nuestra poca confianza en los demás y en el futuro. Comparar el sector inversor en Estados Unidos y en España es poco menos que deprimente y escuchar a emprendedores e inversores su verborrea mientras se visualiza cómo se hacen las cosas a 12.000 kilómetros de distancia es del todo depresor.

Nos hemos vuelto locos y hemos animado a nuestro cliente a “cambiar el chip“. Vamos a hacer un plan de negocio a la americana, yendo a por todas. Vamos a buscar el capital necesario para hacer la mejor empresa en su sector, sin trabajar con limitaciones o restricciones, vamos a pensar en grande.

Y que God bless Spain.

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