Derecho a ser rescatado primero…


…en caso de catástrofe.

Hoy me despedía de Lucía tras unos días intensos. Cada lugar en el que sus aún torpes pasos han resonado es para mí, ahora, en su ausencia, un túmulo de dolorosa visión, un altar construido por la criatura por antonomasia.

Hemos estado en el Tajo, que viene a ser como los paisajes de Torrente Ballester en Filomeno a mi pesar. Lugares cuajados de nostalgia y abandono donde el espíritu se puede dar a la contemplación del tedioso tiempo y dejarse embargar por la serenidad. 

Imagino que tendemos a vincularnos, a asirnos, como decía Delibes, a dejarnos domesticar. Pero no le deja de sorprender a mi yo pensant, cómo esta pequeña persona es capaz de llenar tanto todo: a mi, a los demás, al lugar que habita, a la habitación donde durmió un par de noches, a los pasillos que recorrió. Hasta los perros quedaron tristes con su marcha.

Cómo cada día lo llena de miles de minutos todos distintos y te hace estar detrás de ella, descubriendo con ella las dimensiones y las texturas, muchas de ellas nuevas también para mi. Y así se van pasando los días y así se va llenando el corazón y así se va uno volviendo frágil.

La partida siempre es difícil y tiene que ser corta. Diplomado en despedidas soy ya.

Escribo el comienzo del post hoy desde el hotel donde me suelo quedar en Guadalajara, rodeado de música chill out, frondosa vegetación y lajas de hormigón, en un conjunto de lo más armonioso. Necesitaba indultarme antes de marchar al aeropuerto y volver a volar. Me despediré –nunca se sabe hasta cuando ni de quien- con un buen corte de arrachera (alambre esta vez), una carne exquisita que nació, como mucho de lo bueno, de una costumbre de pobres que los ricos hicieron suya y, por tanto, “capitalizaron”. La transformaron de necesidad en virtud, que de eso viene a tratarse el arte de vivir.

En la puerta, un chaparro en traje de campaña forma un conjunto rectangular con una ametralladora bastante más larga que él. La vista disimuladamente se le va -en esto son artistas los mexicanos: tienen un radio de visión mucho más amplio que el europeo, y pueden mirar un móvil lateral sin apenas mover la cabeza- tras las muchachas que salen de los trabajos “ejecutivos”, embutidas en pantalones angustiosamente estrechos, como los neoprenos del submarinismo, tan ceñidos que creo que no cabe oxígeno entre el pantalón y la pierna. Imagino que se los ponen para bucear en las calles de Guadalajara, donde, con esos tacones de infarto que llevan, van acuchillando las piedras y los bordillos con una tranquilidad pasmosa. Una ciudad que está pavimentada como La Pedriza de Madrid. Estar bonita cuesta. Imagino que esta ciudad consume cantidades industriales de tobilleras o es el paraíso de los traumatólogos. Estos son los contrastes. Hoy el post va de contrastes.

Íbamos a ir al Papalote, un museo para niños. En México hay diferentes lugares para los niños, muy bien diseñados y trabajados. Cuando tuve que tratar por motivos de trabajo con los empresarios a cargo de estas instalaciones, me llamaron la atención un par de factores. Que casi todos eran judíos y casi todos eran muy capaces, como se dice aquí.

Como no hay Papalote en Guadalajara fuimos al Trompo Mágico. Obviamente Lucía aprovechó el camino para hacer su sueño mañanero, y estuvimos unos 45 minutos esperando en la puerta, al sol, a que los asuntos del dormir se fueran organizando para pasar a ocuparnos de los asuntos del vigilar. Plácidamente, la niña esperaba a la entrada del lugar. Amablemente recibidos, como siempre, por todo el mundo. ¿Tendremos derecho?

Sus ojos se abrieron en el momento en el que oyó corretear a un niño en la entrada.

Como haces de luz entre gris y ocre, con una pincelada de mermelada, se dirigieron hacia la fuente del ruido y su dedillo lo señaló. Era la señal: “Papá, vamos dentro. Ahí hay gente interesante. Ya estuvo bien el sueño”. Ejerció su derecho a la movilidad.

El lugar es un anillo con salas temáticas donde se pueden manejar muchos aparatos: desde apretar un botón y escuchar el sonido de una gallina…

… hasta recibir una clase de yambé con un chico ciego -clase que Lucía por supuesto tomó. Todo al módico precio de 40 pesos, unos 3 euros y medio. Los niños tienen derecho a aprender y divertirse.

La inspiración del post vino en el corredor de acceso. Lucía se detuvo ante una de las “estatuas” que, rotatorias, nos franqueaban el camino al Trompo Mágico.

Reconociendo que la estética era adecuada para llamar la atención de los niños, respiré tranquilo al leer la placa y saber seguro que Lucía aún no sabe leer. Cada estatua simbolizaba uno de los derechos que tienen los niños. Derecho a tener una familia, derecho a la alegría,… hasta derecho a ser salvado el primero en caso de catástrofe. Nunca supuse que las indicaciones de emergencia de los edificios –“qué hacer en caso de sismo, qué hacer en caso de incendio” se llegarían a elevar a la categoría de derecho individual.

No hay nada más ridículo que un mexicano queriendo ser francés. En un país tan lleno de sentido común como este, abundan los intentos pintorescos, por inocentones, de vestirse de moderno. Cuaja la preferencia por lo europeo cuando lo europeo no es más que la vestimenta del fantasma en este caso, un terrible vacío que no conduce más que al suicidio.

Un mexicano que se precie tiene que ser ilustrado. Hablar de los españoles como del ogro y adorar todo aquello que rezume aufklarung. Y luego, en un café, hacer ostentación de este “implante de silicona” que llevan en la personalidad.

Mexicanos: el tema de los derechos lo tuvieron que inventar los ilustrados cuando a la guillotina ya varios le habían cogido tanto gusto que se estaban quedando sin gente a la que guillotinar. Y entonces surge eso del derecho a la vida, algo que a una madre de doce hijos de Oaxaca no hace falta explicárselo, porque no lo entendería: ella está a lo importante.

Cada vez que oigo hablar de derechos en Europa se me ponen los pelos como al entrar en el campo de concentración de Berlín. Ver un canto a los derechos del niño a la entrada de un Trompo Mágico en México me da ternura y lástima. Noeseso hombre, no es eso. Si usted o yo mañana damos la vida por un niño en un incendio o cualquier otra catástrofe, no será por defender ningún derecho. Será porque a usted y a mi desde pequeños nos han enseñado a dar la vida por los otros, a velar siempre por los más débiles, aun a costa de la propia vida. Y si aquí es más frecuente que allí esto de dar la vida, si aquí hay menos apego a la vida a favor de la Vida, ¿qué necesidad tiene de importar profilácticos de Europa?

México no es un paraíso de la familia porque respete los derechos, no señor; más bien al contrario, lo es porque los derechos no le importan en absoluto a los miles, millones de mexicanos que dan su vida por sus familias todos los días.

El enfoque ya me determinó lo que encontraría Lucía en el Trompo: mucha ciencia. Siempre que están rondando los derechos la ciencia tiene gran protagonismo. Subimos a Lucía a una vaca para recuperarse del susto inicial…

… y trabajamos en el entendimiento de los tipos de fruta y su precio. Observé que, una vez que Lucía selecciona las frutas que quiere y las echa al carrito, decide llevarse el carrito por el resto del Trompo Mágico. Me prueba de nuevo lo que pensaba: el sentido de propiedad es de los primeros que se desarrolla.

Lo del manejo de ordenadores y ratones es innato en ella, imagino que ha visto mucho a sus padres en el asunto de la informática. Apretar botones, los controles remotos, es auténtica experta en ello. Y lo máscurioso es que de los ordenadores lo que más le interesa son los ratones y, de los ratones, la luz infrarroja de posicionamiento que tienen en la base… A veces no está de más fijarse en su criterio a la hora de localizar la esencia de las cosas.

Anticipo que será científica –a mi pesar. Son los experimentos, la cinética, las luces, lo que más le llama la atención. Le dedicó muchos minutos a comprobar cómo variaba la cantidad de vacío en un recipiente mientras impulsábamos con un motor un molino que a su vez hacia vibrar, con el aire, muy levemente una campana. Su mirada, fija en todo el mecanismo, era absoluta. No había en ese momento nada más para ella que aquel artefacto.

Coches y motores le encantan, y no duda en conducir trenes, tractores, lo que se ponga a tiro.

Finalmente, tras pintar -no le gusta demasiado-, hacer el amago de abrir un libro y pescar peces imantados, llegó la hora de los columpios. Mi hija insiste en socializar con todos los niños, a lo cual ellos se suelen negar. Ella no lo sabe, pero aquí le están conculcando el derecho a la socialización que marca la estatua del pasillo. Un día les llevará a juicio.

Fue una mañana de contrastes y, mientras como y cierro este post, leo este otro. El del torero mexicano que salió corriendo de la plaza México aterrorizado, se cortó la coleta por cobarde y luego fue detenido a comisaría por no matar los toros que le obligaba el contrato. Esto es México.

htttp://www.elmundo.es/america/2010/06/15/mexico/1276618647.html

Mientras, en otras plazas, el niño de 12 años Michelito, a quien hemos tenido en España hace poco, recibe los toros a portagayola y las cornadas como Dios manda y nadie habla de derechos.

http://www.youtube.com/watch?v=39_RoazZOUo

Así son los mexicanos. Cuando se ponen cortesanos dan lástima, pero cuando se centran en ser quienes son, quitan el hipo.

Termino el post en el aeropuerto. He querido venirme pronto y todo ha transcurrido como la seda, con un simpático taxista y la conversación sobre el Mundial -cuestión de fe, de valor, de huevos- sin pagos por sobrepeso, cruzando los escáneres sin desnudarme… Todo muy corporal.

Ahora disfruto de un café, al que tengo derecho, y que me ha dado la clave de acceso a la red -a la que también tengo derecho- para poder colgar este post. Tengo como usuario “infinitum movil” y como clave “latte69”. El café sigue siendo, aún en el siglo XXI, la puerta de entrada y salida a muchos lugares. Una bebida de pioneros. Y eso que Starbucks no tiene nada que ver con el capitán Ahab, al menos en apariencia.

A volar por los aires…

PD: Adjunto un link sobre un mexicano “valiente”, no cortesano. Este tampoco habla de derechos: porque, de haber alguno, de haber alguno con derecho a ser rescatado en caso de catástrofe, ese sería la criatura de la que habla este hombre.

Lo dicho, cuando se ponen en lo que son, no tienen igual. A Descartes y a los racionalistas que ponen el derecho de vida en un determinado momento de la vida, en México los hubieran corrido a madrazos. Les hubieran dicho: “No mames, güey”. Con Dios.

http://informa-scjn.webcom.com.mx/12_d.html

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