Conciliación


Cuando se vive fragmentado, hay que conciliar fragmentos.

No otra cosa es lo que trasluce este aterrador artículo,

http://www.libertaddigital.com/economia/el-72-de-los-espanoles-quiere-ser-funcionario-y-solo-el-4-empresario-1276397748/

donde se cita una encuesta del portal de empleo Monster donde un 72% de los encuestados aspiran a ser funcionarios. A mayor abundamiento, sólo un 17% de ese porcentaje lo haría por vocación. El 55% se queda con una motivación menos altruista de servicio público: ganar un sueldo para toda la vida y disfrutar de horarios cómodos.

Ayer en una comida con un cliente hablábamos de España y la explicación al hundimiento del Estado de Bienestar que se ofrecía es simple: el Estado de Bienestar sólo es sostenible cuando son más los que dan al Estado que los que reciben de él. Es una cuestión cuantitativa y alcanzada una cota de perceptores, el Estado deviene insostenible.

Mucho tiene que decir aquí la educación (“niño, tú que quieres ser de mayor”) y la moral que laa familia transmite.

Frente a estos datos, destaca el estudio publicado hace unos meses por Global Entrepreneurship Monitor (GEM), y que señala que sólo el 4% de los españoles, de entre los que no son aún empresarios, tiene “intenciones emprendedoras”. Es decir, que sólo uno de cada 25 aspira a montar una empresa, un porcentaje que sitúa a los hispanos en el antepenúltimo lugar de la lista de los países avanzados sólo superados por japoneses y daneses. De esta manera, por cada 18 aspirantes a funcionarios sólo hay un empresario en ciernes.

El informe de GEM, una organización sin ánimo de lucro que tiene como finalidad recopilar información sobre la actividad empresarial en todo el mundo, es muy pesimista sobre la actitud de los españoles ante la iniciativa privada.

Así, entre las economías avanzadas, España es la quinta peor situada en oportunidades percibidas de negocio (con sólo un 16% de personas que declaran conocer alguna), la antepenúltima en miedo al fracaso y en el estatus otorgado a los emprendedores (sólo el 55% de los españoles los sitúa en lo alto de la escala social, frente al 88% de los finlandeses que admiran a sus empresarios de éxito); y la cuarta por la cola en la atención que los medios de información guardan para sus empresarios. Unos resultados con los que no es extraño que sólo el 4% de los españoles declaren tener “intenciones emprendedoras”.

Los motivos aducidos por los encuestados para querer ser funcionarios (ganar un sueldo para toda la vida y disfrutar de horarios cómodos) adquieren algo más de lógica cuando se analizan los datos de la economía hispana. Lo cierto es que pocos trabajadores españoles disfrutan de horarios cómodos fuera del sector público.

Ya antes de la crisis, España figuraba en los últimos puestos de los países desarrollados en cuanto a horas trabajadas en relación con el número de personas en edad de trabajar, aunque escalaba al tercer puesto en horas anuales por trabajador. Según el Quinto Informe Ranstad sobre Tiempo de Trabajo, publicado en 2005, el porcentaje de población activa es muy bajo, pero aquellos que tienen empleo dedican mucho más tiempo a trabajar que sus colegas de otros países.

Además, como complemento a todo esto la productividad de España se sitúa a la cola de los países de la OCDE. Desde el año 2000 al 2008, este indicador sólo ha crecido un 1,6%, únicamente por delante de Canadá e Italia.

Muchos señalarán a los empresarios españoles como culpables de esta situación, pero lo cierto es que la regulación y el intervencionismo de los poderes públicos han sido determinantes. El mercado laboral español es uno de los menos flexibles del mundo (puesto 157 de 183 en este epígrafe en el último Doing Business): no es sencillo despedir y contratar trabajadores; no hay facilidad para realizar contratos de jornada partida; y los costes laborales (sueldos y cotizaciones) son muy altos.

Todo esto se ha unido a una cultura laboral algo anticuada, en la que son comunes actitudes del tipo “me quedo, aunque no tenga nada que hacer, porque todos se quedan” y unos horarios absurdos, “entro pronto, salgo tarde y tengo tres horas para comer que no disfruto”. Ni aquellas leyes ni estas costumbres ayudan a mejorar los resultados de las empresas, antes al contrario, pero explican la apetencia por el clásico horario de 8.00 a 15.00 que disfrutan tantos funcionarios.

Pero si lo anterior puede servir para comprender las ganas de ser funcionario, no explica la carencia de motivación empresarial. Esta (falta de) actitud se entiende mejor si se miran índices como el Doing Business que elabora el Banco Mundial, y que sitúa a España en el puesto 146 en facilidad para abrir una empresa (por detrás de Zimbabue o Venezuela).

Las trabas burocráticas, el coste y las dificultades legales son como un muro delante de los emprendedores españoles, que tienen que gastar 47 días, cumplimentar 10 procedimientos y pagar una buena cantidad de dinero por hacer algo tan revolucionario como abrir una empresa y contratar a un trabajador. Quizás tras analizar estos datos se comprenda mejor ese 4% de “intención empresarial”.

Salarios: igualdad a largo plazo

En lo que no hay demasiadas diferencias es en los salarios de unos y otros. Casi todos los estudios, como los que cita Marco Celentani en este interesante artículo, señalan que a lo largo de la vida laboral la remuneración de empleados públicos y privados es similar.

En España, aunque no hay muchos estudios sobre el tema, un informe del INE del año 1998 mostraba una ligera superioridad del sector estatal. Normalmente, esta tendencia se agranda en los casos de niveles medios y bajos, mientras que los ejecutivos suelen ganar más que los funcionarios de nivel alto.

Lo dicho, cuando uno está hecho trizas se pasa el tiempo pegando, conciliando, pedazos. Así nos luce el pelo, a todos los niveles. Conciliando voy, conciliando vengo, y por el camino yo me entretengo.

Esperemos que nuestra iniciativa de asesoramiento filosófico aporte algo de luz a este desastre.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Debates públicos, Economía, Educación, Emprender, Pensamiento, Pensamiento desde la acción. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Conciliación

  1. Pingback: Di no a la conciliación de la vida personal y la vida laboral « Florecejonia

  2. noeseso dijo:

    Tu comentario en el post de tu flog es filosofía pura. ¡Alegría!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s