Conrad, el grande


Ya voy también organizando las entradas de este blog, y los comentarios me salen más fluidos. Pretendo dedicar los viernes a los personajes, a las personas de las cuales mi alma se queda prendada porque presentan para mi un modelo a imitar, a emular: por su bondad, por su belleza (interior, aunque siempre acaba mostrándose, sobre todo en el rostro: hasta el del Hombre Elefante llegó a gustarme), por su integridad, por su honestidad…

Como me guío mucho por instintos, prejucios, primeras impresiones -uno da para poco- me aventuro con frecuencia a apreciar y a querer mucho a alguien recién conocido, por una luz, por una señal que su persona transmite.

Un viernes noche me invitó a su casa, por mediación de un gran amigo, un grandullón bautizado como Conrad (normalmente a esto invita el esposo pero quien realmente sella la autorización es la esposa, así que ella debió de tener que ver en la invitación).

Ya con ese nombre mis expectativas antes de plantarme en su casa a charlar estaban muy lejos de encontrar a quien encontré. Con ese nombre uno tiene que ser -según mi filtro caracterizador- o un poeta romántico, o un espía británico que trabaja para los rusos o un medio volante ágil y veloz.

Conrad es un tipo grande, tanto por fuera como por dentro, y por su tamaño tiende a comportarse con la grandeza con la que se comportan los seres grandes. Son seres que deben comportarse y moverse con ciudado para no dañar a los pequeños, y eso les confiere una “cura”, un ciudado de los demás, que automáticamente los ennoblece.

Conrad es un tipo de estos, que te recibe en su casa y no notas que lo hace porque te deja ser sin explicitarlo: parece más extraño él que tú, y estás en su casa. Conrad es, pues, hospitalario y señor.

Conrad es un tipo que parece que escucha a sus invitados, en lugar de hacer de maestro de ceremonias y oirse en los ecos de su casa: no, se oyen las voces de sus invitados, y él cuida de ellos, de nosotros, con la elegancia de los seres grandes.

Conrad sonríe achinando los ojos, como recuerdo que hacía JPII, y su cara parece que se curva ampliamente para acoger tu mirada en ella, sin juicios, sin pretensiones, también de modo hospitalario.

Conrad se despide de ti en la puerta y te está cuidando al hacerlo, mientras también está cuidando a su esposa, y sus manazas también andan cuidando a sus varios hijos.

Conrad lo ha pasado mal, y probablemente su sonrisa que achina sus ojos a veces ha salido a trabajar algo cansada. Pero lo ha hecho, con esa grandeza y elegancia que tienen los seres grandes, siempre cuidando de no aplastar a los pequeños, siempre sabiendo que desde ahí arriba se ve bastante más que desde donde están los pequeños.

Conrad tiene un blog, grande también, como él. Un blog que sigo y que recomiendo seguir: http://seniorquecosas.blogspot.com/

Conrad es un tipo grande, por dentro y por fuera, en el que cabemos muchos tipos más pequeños. Lo vi un rato, lo conoci en aquella quedada de amigos, pero, a pesar de lo grande que es, aquí lo llevo ya conmigo. No sé si errado por mis prejuicios. Los que conocen a Conrad lo dirán.

Con Dios.

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