Era todo dolor


La mano tendida,
amiga.

-o-

“Y comenzó a sentir pavor y angustia.”

-o-

-“Conmigo lo hiciste” – dijo.

-“¡Desaparezca el día en que nací y la noche que dijo: “Ha sido engendrado un varón”! ¡Que aquel día se convierta en tinieblas! Que Dios se despreocupe de él desde lo alto y no brille sobre él ni un rayo de luz. Que lo reclamen para sí las tinieblas y las sombras, que un nubarrón se cierna sobre él y lo aterrorice un eclipse de sol. ¡Sí, que una densa oscuridad se apodere de él y no se lo añada a los días del año ni se lo incluya en el cómputo de los meses! ¡Que aquella noche sea estéril y no entre en ella ningún grito de alegría! Que la maldigan los que maldicen los días, los expertos en excitar a Leviatán. Que se oscurezcan las estrellas de su aurora; que espere en vano la luz y no vea los destellos del alba. Porque no me cerró las puertas del seno materno ni ocultó a mis ojos tanta miseria. ¿Por qué no me morí al nacer? ¿Por qué no expiré al salir del vientre materno? ¿Por qué me recibieron dos rodillas y dos pechos me dieron de mamar? Ahora yacería tranquilo, estaría dormido y así descansaría.”

-o-

-“Y tú,

¿me quieres más que estos?”

el cuerpo

fatigado

de miradas

lacerantes.

-“Sí, porque has amado mucho”

-o-

Lágrimas.

-o-

-“Ahora ya puedes dormir y descansar. La hora ha llegado”.

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