Las verdades


Limpiaba los restos de comida de los platos de los huéspedes. Con las mismas manos que habían escrito tantas líneas en latín. Tras las mismas gafas que habían leído, con el mismo mirar, a Henry, a Zubiri, a Chrétien y a Zambrano. A Heidegger, a Orígenes, a García-Baró (tan inspirador) y a San Pacomio.

Benedictine.

Su cara había detenido su maduración en el momento de la gran búsqueda, del adolecer. El alma se había adueñado ya de todo.

Y todo acontecía dentro, en medio del gran silencio.

Fuera, a la intemperie, si acaso, algunas palabras. Finas, sutiles, casi como un susurro.

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Una respuesta a Las verdades

  1. Ada dijo:

    Muy bueno el artículo de Víctor Márquez. Necesario.

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