Acaba


– Acaba -le dijo ella a él.

Él la miró con tristeza infinita.

Tras acabar se levantó y dio un beso a su hijo, que dormía plácidamente en la cuna. De camino a la cocina, donde se serviría un vaso de agua bien fría, pasó por el salón y miró la cartera. Sintió el impulso de sacar un billete y pagar.

No lo hizo.

A partir de ese momento dejó de mirarla mientras lo hacían. Y cada vez que lo hicieron acabó. Nunca dejó de acabar.

Sus ojos se fueron llenando de lejanía.

Buscaban lo inacabable.

Un día aquello acabó.

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