Desde aquel primer latido
no he dejado de perseverar
en la esperanza de llegar
a ti.

Desde aquel primer latido
no he dejado de pensar
en la posibilidad de
alcanzarte
a ti.

Muchos latidos, ya muchos latidos.
Esfuerzos y planes, equipaje del
hombre que late y que arde
por ti.

Al último.

Al último latido
te convoco: a ti,
que a todos los demás no has asistido.

Te convoco al momento de dejar mis cosas,
de lanzarles la última
coherente
mirada,
pues ellas, sí, estuvieron conmigo
en cada latido.

Estás invitado
al último latido.

Tú y mis cosas.

Lo que hoy
ya
no

es
si
después
del último latido
te llevaré conmigo.

A ti.
A ti.

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