Epanadiplosis


Nos enseñaban en el colegio, cuando lo de la enseñanza no era un tema de itinerarios del individuo -se va el chaval, se va por el barranquillo- sino de maestros y aprendizaje de “lo que es”, algo de literatura, y aprendimos el recurso de la epanadiplosis: el verso que empieza y acaba por la misma palabra.

Viví ayer una epanadiplosis dramatizada: treinta años en 20 minutos.

Hace años (1973) los “santos” dieron, en forma de chupinazo, comienzo al cruento sacrificio: por el hombre, pero sin el hombre:

Es de sobra conocida la tendencia naturalista en la Iglesia: los “perfectos”; y, al igual que Lutero inició su epopeya “continental” en un intento de separar a Roma de los señores feudales (fue previo lo de los husitas en Chequia), debilitando a ambos, los “santos” contemporáneos, los mismos conservadores que en el XVI defendían el “régimen”, ahora se radicalizaban, desesperanzados, e iniciaban de nuevo su particular revolución: “otro mundo es posible”.

Sólo los ingleses, insulares ventajistas, supieron sacar provecho del asunto y disfrutaron de unos siglos parlamentarios muy decentes. Otro mundo es posible pero este es el que tenemos.

En el continente, por contra, acostumbrado a fronteras demasiado próximas, se extendió la “claustro-fobia”; y la necesidad, “por fin”, de grandes espacios abiertos impulsó, en sucesivas oleadas, los asesinatos revolucionarios: francesa, socialista, comunista.

Unos 2 millones de muertos. Por el hombre, pero sin el hombre. El celo ginebrino o el celo jesuita.

En España, siempre piedra de escándalo.

Desde Maldonado y los caseríos de Guipúzcoa hasta las cumbres Andinas, pasando por las selvas amazónicas y del sudeste asiático.

Con razón el Polaco se encabrona cuando el “santo” le recibe de rodillas en el aeropuerto. “¡Qué yo vengo de la Utopía, hombre, y allí no queda nada del hombre con minúsculas: allí te hacen salchichas! ¿Te crees que estás descubriendo el Paraíso, cacho perro? ¡Cuánto dolor les espera a estos tras tu guía! ¡Anda, quítate de mi vista y no peques más, no pienses más!”

2011: El cura octogenario -calculo su edad por el número de pasos que da de camino al sagrario: extraordinariamente cortos- comienza las peticiones, con voz quebrada, probablemente en la misma capilla en la que comulgó la “dinamita” del chupinazo y el “cordero”.

  • Primero pide por que no haya más atentados de ETA, así, de golpe y porrazo. Comprometido con su realidad.
  • Después por los afectados por el terremoto, en el toque Avatar.
  • Luego por los afectados por el paro, edulcorante marxista.
  • Y finalmente por España, por la justicia y la paz.

Fin de la epanadiplosis.

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