si supieras lo que estoy pensando hacer…



La ligereza de tu mirada lo dice todo.

A tu interlocutor -realidad en escorzo, en acepción de Husserl- ya le cuesta esfuerzo respirar, su piel está ciertamente brillante de la tensión, a punto de romper a sudar, pues intuye lo terrible de las pruebas a las que tu omnipotente ingenuidad le va a someter.

En contraste, tu boca está prudente cerrada y tu piel extraordinariamente seca. La delicada mano que sostiene tu mentón es la más poderosa del mundo: casi transparente en su finura. La enseña en tu solapa me aterra: es para ti el escudo con el que cubrirte ante la Historia, una Historia que habitas desde hace apenas unos días y que, revolucionariamente, has venido a derogar.

Tu interlocutor lo sabe, y sufre. Sufre indeciblemente: es todo dolor.

Inch Allah!

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