entre los cortados lìmites


Al atardecer del día
el ladrido del perro
siempre es más lejano:
se marcha
a marcar
el límite de la realidad.
El no más allá.

¡Qué lejano suena siempre
ese ladrido: mucho más que el de la mañana!

¡Qué final suena siempre
ese ladrido!

Los ecos, fabricados con las paredes de aquí,
le muestran -topógrafos-
lo que hay:
entre su allí y el aquí
se encuentra,
entrecortado,
todo.

El día.

Muerte cotidiana, telón,
con la caída de la luz:
cierre y conclusión.

Con la nuevalba
comienza el nuevo día,
el nuevo drama
que olvida los confines
a los que le confina la vida,
y que la tarde se encarga,
entrecortada,
de recordarle.

Muere el perro cada tarde.

Perro de la tarde, testigo del marcharse
en que consiste la vida.

Nace el perro cada día.

Luz de la mañana, ebriedad
que desdibujas los límites de
lo mortal.

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Una respuesta a entre los cortados lìmites

  1. poseso dijo:

    perros que escarban agujeros
    en busqueda de huesos
    que alimenten su pesar

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