Revienta la reventa: la economía en manos de Homer Simpson


Pregunta: ¿Cuánto vale una empresa X que factura 243 millones de dólares y tiene un beneficio de 15,39 millones?

En este rango están Desigual, CAT, Binter Canarias, Paradores, Aragofar… pequeñas compañías no cotizadas. Quizá comparables…

Dele un valor. ¿20 millones? ¿40 millones? ¿100 millones? ¿243 millones? ¿500 millones?

Ahora siga leyendo abajo

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Respuesta: 8.796 millones de dólares.

Esta compañía X vale 8.796 millones de dólares en Bolsa. Esa es su capitalización bursátil, lo que la Bolsa y los bolsistas, los inversores en acciones, pagarían por ella. 35 veces sus ventas y 571 veces sus beneficios. Eso han pagado por ella los inversores que compraron acciones en su salida a Bolsa.

Ferrovial facturó 12.000 millones de euros en 2010 (48 veces lo que nuestra enigmática compañía) y ganó 2.100 millones (140 veces lo que nuestra enigmática compañía X). Vale en Bolsa 6.238 millones, un poco menos que nuestra enigmática compañía.

Lo cual quiere decir que si yo soy un inversor y compro acciones de esta compañía X, es porque pienso que son una buena inversión: es decir, que podré venderlas por más del precio que me costaron -que se revalorizarán. ¿Cuánto?

Cada incremento unitario en sus ventas supondrá un incremento de 35 unidades en el valor de la Compañía. Y cada incremento unitario en su beneficio incrementará en 571 unidades su valoración.

Alguien vendrá dispuesto a pagarme ese incremento proporcional a mi acción para tener derecho a percibir ese incremento de valor en el futuro. Como la compañía es más grande, vale más en proporción.

Eso si no sucede otra cosa, que a veces sucede: que alguien decide pagar, no 35 veces sus ventas, sino 40 veces sus ventas. O no 571 veces sus beneficios, sino 650 veces. Esto a veces también pasa.

Esto son las expectativas -a veces irracionalmente exhuberantes-, que son las bases sobre las que trabaja la Bolsa. Usted paga dinero por expectativas de que ese dinero de hoy mañana equivalga a más dinero.

Yo una vez compre una acción en bolsa, de una compañía mucho más innovadora que Ferrovial, por unos pocos euros, y me puse a mirar, día tras día, cómo subía y bajaba su valor, durante algunos meses.

Luego la vendí. Perdí algo de dinero. Ya nunca compré más.

Si esa “bolsificación” la lleva usted a todos los elementos de la economía (casas, energía, infraestructuras…) está convirtiendo la economía en financiación: está valorando los bienes no en función de la utilidad que le proporcionan, sino en función de lo que otros le pagarán por ellos cuando los venda. No compra una casa para vivir en ella, sino para venderla en un futuro y obtener un beneficio. Podría incluso hacer lo mismo con el pan: imagine lo que sería comprar una barra de pan por 1 euro y venderlo a la salida de la panadería, al primero que pase, por 2. Eso más o menos pasa con las entradas de espectáculos deportivos: es la llamada reventa.

Este tipo de utilidad -meramente financiera- es la que genera burburjas. Al respecto, la burbuja de los tulipanes es una buena muestra de lo que la economía financiera (frente a la sana economía real) puede llegar a generar. Una economía financiera que se adueña de toda la economía y la pervierte. Los recursos (financieros) son para los proyectos (económicos). Y reducir los proyectos a simple generación de recursos es un bucle vicioso.

La burbuja nos eleva y, al reventar, caemos desde muy arriba.

Aquí en España están ahora demonizando a los bancos, y hemos comenzado una nueva lucha de clases: los que tienen menos contra los que tienen más, simplemente porque no han logrado ponerse a su nivel.

Mientras la burbuja se hinchaba y los españoles accedían al crédito fácil -negocio de los bancos- para comprar infinidad de bienes innecesarios con los que pretendían especular y forrarse el riñón, nadie dijo nada. Unos han invertido en parques fotovoltaicos, otros han comprado segundas, terceras y cuartas viviendas…

Ahora nos quejamos, ahora queremos amnistía hipotecaria -claro, ahora la casa vale menos, ahora no quiero pagar pues no puedo especular…

En fin, dudo que la lección haya quedado aprendida, porque somos amigos del enriquecimiento rápido. Somos en lo económico el Homer Simpson de la economía mundial. Grandes expectativas…que quedan luego en nada.

Aprendí hace mucho: vende cuando todos compran, compra cuando todos venden. Es decir, ve contra las expectativas de los demás.

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