aC-CORD


Escucho como un niño de un año se da un golpe y llora.

Creo adivinar dos motivos: uno, el daño que se ha hecho (probablemente un motivo menor, pues el daño no es excesivo). Dos, la rabia: el mundo no responde a lo que su madre le ha hecho ver: con suavidad, recibiéndolo con amor. El mundo le golpea de muchas maneras, y su vida, apenas empezada, consistirá en ir superando, día tras día, los golpes que el mundo le da. No se cumple “la promesa del alba” que menciona Romain Gary.

La “educación” consistirá en aprender a darse sólo los golpes estrictamente necesarios y, la maduración, en ir llorando cada vez menos e ir entendiendo los golpes cada vez mejor.

Como el mundo no es una madre, al hombre le gustaría poder calcularlo, poder preverlo. Este podría ser el origen de las utopías: una intolerancia al mal que se traduce en desesperanza y, en los espíritus más bravos, decidida voluntad de acabar con dicho mal. “Erradicar” es la palabra preferida de los “santos” que dirigen las revoluciones.

Pero no: el mundo no es predecible en su totalidad. El mal no se acaba y la obra no concluirá nunca. ¿Estamos dispuestos a conjugar imposible con necesario?

Este anuncio supuso 606 tomas y 6 millones de dólares de coste. Un pequeño ejemplo de esfuerzo:

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Esta entrada fue publicada en Alegría, Antropología, Educación, Emprender, Historia, Justicia, Orar, Pensamiento desde la acción, Vida y etiquetada , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

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