Rubito


Sí.

Y muy normal.

Por más que los gobiernos de la vieja Europa intentan tranquilizar a sus orondos gobernados (la Socialdemocracia produce gordos), ya casi nadie se lo cree.

En cuanto algún “rubito” del Primer Mundo se hace con las herramientas técnicas necesarias -hoy mucho más fácil que hace siglos- y se lleva por delante a varias decenas de rubitos, se acude a la psicología, esa niñera que nos cuida de todo aquello que no acabamos de digerir mentalmente.

Pero no. Noeseso.

O se acude a la ideología, y entonces se utilizan los adjetivos de radical, ultra, fanático, antisistema… de una u otra orilla: ya sabemos que aquí son la misma. Ninguno lo quiere en su lado. Algunos arriman el ascua a su sardina y hablan de seguridad y de terrorismo… El monotema: terror, terror, terror…

Los más demagogos hablan de la humanidad, de la democracia, de la repulsa, de crímenes contra la Humanidad…

Otros, más metafísicos, hablan de la maldad, del Mal. Y, sí, muy bueno no parece lo acontecido. Hablan del “razonador loco” que razona mal… Me pregunto que hubiera hecho Kant si hubiera podido hacerse con un AK-47 en Köenigsberg…

Y nuestros gobernantes cruzan los dedos esperando que no haya muchos como este “razonador loco”, plácidamente empadronados en verdes pueblitos de la Europa del siglo XXI, paraíso del desarrollo, los derechos humanos y el Bienestar, del ecologismo, la natalidad controlada, la muerte escondida, las pensiones incubándose y el ocio omnipresente.

Por llevar la contraria, me atrevería a decir que sí: que hay muchos. Que hay muchos rubitos. Que el Primer Mundo está lleno de rubitos que están a punto de apretar el gatillo. Muchos no cogen el rifle porque no tienen uno a mano o porque aún no lo han considerado oportuno.

Seguro que usted recibe vídeos de Youtube que le envían los amigos y donde encuentra de todo.

El que ese todo no se active, el que se mantenga durmiente, es un misterio de la ciencia.

Pero el que exista la posibilidad no lo es. El que tipos silenciosos, trabajadores, leídos, sistemáticos, disciplinados, etc., rubitos, o morenitos, decidan un día echarse al monte y liquidar a sus semejantes para redimir al mundo de cualesquiera males reales (siempre reales para ellos) es algo que sucede frecuentemente. Es algo que irá sucediendo cada vez más. No nos extrañe.

Antes el asunto requería mucha organización, porque las herramientas no estaban al alcance. Tardaba tanto en gestarse la “hazaña” que realmente acababa siendo épica. Por lo duro de su gestación y por las víctimas que causaba.

Hoy, “santos” rubitos y morenitos que se revolucionan y promocionan la política radical hay miles: tantos como el sistema incuba.

Sin embargo, hijos de su época, saben que su revolución no llegará a casi nadie, porque la cacofonía lo impide.

Por ello se pertrechan con lo que tienen a mano o pueden comprar por internet y realizan su revolución en solitario, al modo “do it yourself”. La técnica les permite amplificar su efecto en pocos minutos y los medios de comunicación, siempre presentes en el gran escenario mediático que es la verde Europa, transmiten el terrible evento a todo el mundo. Velitas encendidas, lágrimas, emoción a raudales y a esperar al siguiente rubito o morenito, extremista o islamista, -ista a fin de cuentas.

Asistimos, aunque nos lo quieran ocultar, a la democratización del revolucionario mediante la democratización de las armas: usted mismo podría ser vecino de un “razonador loco”. Da miedo. “Que lo encierren de por vida, que nos lo escondan: que escondan al monstruo”.

Aunque más miedo daría el pensar que este rubito o morenito es la culminación, en tecnología state of the art, del “hombre nuevo” que la modernidad tanto trabajo se ha tomado en fabricar. Daría miedo pensar que esto no es una anomalía, sino la punta del iceberg, las olas superficiales de la corriente profunda que estos siglos han contribuido a generar: ese “ser” que late ahí abajo, al fondo, donde apenas hay luz.

Ser rubito o morenito que, en función de los medios que tiene a su disposición, realiza unos actos más o menos rutinarios y otros actos más o menos brutales.

Daría miedo. Daría miedo él.

Daría miedo yo.

Tú.

Nosotros.

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