…sin mí, sin vos y sin Dios…


FEDERICO:
Pues, señora, yo he llegado,
perdido a Dios el temor,
y al Duque, a tan triste estado
que este mi imposible amor
me tiene desesperado.

En fin, señora, me veo
sin mí, sin vos y sin Dios:
sin Dios, por lo que os deseo;
sin mí, porque estoy sin vos;
sin vos, porque no os poseo.

Y, por si no lo entendéis,
haré sobre estas razones
un discurso, en que podréis
conocer de mis pasiones
la culpa que vos tenéis.

Aunque dicen que el no ser
es, señora el mayor mal,
tal por vos me vengo a ver
que, para no verme tal,
quisiera dejar de ser.
En tantos males me empleo
después que mi ser perdí
que, aunque no verme deseo,
para ver si soy quien fui,
en fin, señora, me veo.

A decir que soy quien soy
tal estoy que no me atrevo,
y por tales pasos voy
que aun no me acuerdo que debo
a Dios la vida que os doy.
Culpa tenemos los dos
del no ser que soy agora,
pues, olvidado por vos
de mí mismo, estoy, señora,
sin mí, sin vos y sin Dios.

Sin mí no es mucho, pues ya
no hay vida sin vos que pida
al mismo que me la da;
pero sin Dios, con ser vida,
¿quién sino mi amor está?
Si en desearos me empleo
y él manda no desear
la hermosura que en vos veo,
claro está que vengo a estar
sin Dios, por lo que os deseo.

¡Oh, qué loco barbarismo
es presumir conservar
la vida en tan aciago abismo
hombre que no puede estar
ni en vos ni en Dios ni en sí mismo!
¿Qué habemos de hacer los dos,
pues a Dios por vos perdí
después que os tengo por dios;
sin Dios, porque estáis en mí;
sin mí, porque estoy sin vos?

Por haceros sólo bien,
mil males vengo a sufrir.
Yo tengo amor; vos, desdén;
tanto, que puedo decir:
¡mirad con quién y sin quién!
Sin vos y sin mí peleo
con tanta desconfianza:
sin mí, porque en vos ya veo
imposible mi esperanza;
sin vos, porque no os poseo.

El castigo sin venganza (1631)
Lope de Vega

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2 respuestas a …sin mí, sin vos y sin Dios…

  1. Amarilis dijo:

    1631, volver al diecisiete…
    con Lope, y su Amor
    No hay venganza
    no hay castigo
    tan solo el plan
    divino

  2. noeseso dijo:

    Entro en mí mismo para verme, y dentro
    hallo, ¡ay de mí!, con la razón postrada,
    una loca república alterada,
    tanto que apenas los umbrales entro.

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