Alejandrooo


Visto en Firmus et rusticus.

La revolución encanta por el mismo motivo que preferimos empezar un cuaderno nuevo a aprovechar uno viejo: la pasión por las hojas en blanco, el olor a limpio… Cuenta nueva. Fichas.

Es una cuestión emotiva, es una manía relacionada con el escrúpulo y la limpieza excesiva: hay que limpiar al sucio hasta borrarle la naturaleza… Lo de la perfección cuando se vuelve afecto desordenado.

Y de tanto frotarle la piel (sucios, sucios) se acaba desollando al sucio pueblo.

La intención siempre es buena y proviene de un espíritu extraordinario que siente mucho, sufre mucho ante el dolor, y se conmisera ante la lepra del otro (siempre es el otro el lacerado, el que tiene la lepra: el mal de Lázaro).

Hay que resucitar al otro (para lo cual hay que verlo -imagen- muerto y, si manifestase cartesianamente indicios de vida, fantasmagoría, matarlo antes: re-matarlo). Redimir, en vez de reparar (תיקון עולם) el mundo, como decía Fackenheim.

Ya se nos dio recurso para pasar tan duro trance de la consciencia del dolor del otro: es la reflexión, lo de la viga en el ojo propio…

En el fondo, de la conmiseración a la soberbia (pasando por la envidia) sólo media un paso (pequeño para el hombre, “grande” para la humanidad), aquel que aniquila por amor: “es para que ya no sufra más”.

Ojo con el abrazo de mamá osa, rubitos…

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